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lunes, 5 de octubre de 2015

ECUENTRAN LOS RESTO DEL PILOTO DE EJÉRCITO DEL ARIE EUDARDO LAUCIRICA, QUE ESTUVO 60 AÑOS ENTERRADO EN SU AVIÓN

Sesenta años enterrado con su avión

Eduardo Laucilica (con el número 7) junto al resto de su promoción de pilotos
Eduardo Laucirica Charlén, bilbaíno, nacido el 13 de diciembre de 1912, estudiaba quinto curso de Medicina en Santander cuando el 18 de julio de 1936 se produjo el levantamiento militar contra el gobierno republicano que daría lugar a la Guerra Civil española. De inmediato fue reclutado por el ejército republicano, pero Eduardo, poco afín a las ideas izquierdistas, no tardó en desertar para pasarse a las filas nacionales.

Laucirica ingresó en la fuerza aérea del bando nacional y, con el rango de alférez provisional, formó parte como observador del grupo 22 de bombarderos nocturnos. En abril de 1939 fue ascendido a teniente provisional y, tras el final de la guerra, realizó el curso de pilotaje de cazas, siendo asignado a la sexta escuadrilla del 23º Regimiento de Caza del Ejército del Aire, autodenominada "Lara Larán", con base en el aeropuerto barcelonés de El Prat. Allí estuvo destinado hasta que, a finales de 1940, decidió dejar el ejército y retomar su vida anterior al conflicto: terminar sus estudios, casarse con su novia, formar una familia...

El 7 de diciembre de 1940 se celebró en El Prat una exhibición aeronáutica a la que asistió un elevado número de espectadores y autoridades, civiles y militares. Laucirica fue uno de los pilotos que tomó parte en dicha exhibición, a los mandos de un Messerschmitt BF-109 E-3 matrícula 6-130. El avión había formado parte de la Legión Cóndor y había sido pilotado por Walter Grabmann, comandante del Jagdgruppe 88, que había llevado a cabo 143 misiones durante la guerra y había derribado seis aviones republicanos (dos Polikarpov I-15, dos I-16 y dos bombarderos Tupolev SB-2). Tras el final de la guerra el avión había sido entregado al ejército español como regalo por el régimen nazi. Era sin duda uno de los cazas más modernos y rápidos que existían por aquel entonces.


El Messerschmitt Bf-109 de Laucirica
Durante la demostración, Eduardo ejecutó varias acrobacias para deleite de los espectadores. No era un piloto demasiado experto, pese a estar en posesión de varias condecoraciones como la Medalla de Guerra o dos Cruces Rojas del Mérito Militar. Pero cuando llevaba diez minutos de vuelo, algo ocurrió. El avión de Laucirica hizo un giro y se precipitó en picado desde unos ochocientos metros de altura, cayendo sin control hasta estrellarse violentamente a unos dos kilómetros del aeródromo, en un cenagal del delta del Llobregat. El brutal impacto levantó un gran surtidor de agua y fango, ante la horrorizada mirada de los espectadores, entre los que se encontraba la prometida del piloto. Aunque la cola del avión fue visible durante algún tiempo, el avión no tardó en hundirse completamente y desaparecer. Nadie sabe el motivo del accidente, si fue un problema mecánico o a causa de un error del piloto.

De inmediato, se movilizaron los bomberos de Barcelona y los servicios de emergencias del propio aeropuerto, pero dados los escasos medios de que disponían y lo complicado del terreno no tuvieron éxito. Tras varios días de búsqueda, lo único que consiguieron recuperar fue un fragmento de una de las alas del avión y una falange del piloto. La familia tuvo que aceptar que el rescate no era posible, y su padre, Óscar Laucirica Uribe, compró tiempo después una pequeña parcela cerca de donde se había estrellado el avión, donde hizo erigir un monolito de piedra blanca con una cruz en recuerdo de su hijo.

Durante más de seis décadas, el accidente del avión de Eduardo Laucirica permaneció en el recuerdo de unos pocos, hasta que a principios del siglo XXI, la casualidad hizo que el proyecto de construcción de la tercera pista del aeropuerto del Prat pasara justo por donde se creía que descansaban los restos del avión y de su piloto. La familia Laucirica solicitó a Aena, la sociedad encargada de la gestión de los aeropuertos públicos españoles, que realizase un último intento de hallar el cuerpo del piloto, antes que que toda la zona fuese urbanizada. La búsqueda comenzó en noviembre de 2002 y no tardaron en aparecer los primeros restos del avión, no muy lejos del monolito erigido por la familia de Eduardo Laucirica. Fragmentos del fuselaje, el motor y el tren de aterrizaje, una ametralladora MG-17 con numerosa munición, el paracaídas del piloto (prácticamente intacto, pese al tiempo transcurrido) y, finalmente, el 19 de noviembre se hallaron los primeros restos humanos: varios huesos largos (fémur, cúbito, radio), varias costillas, un pie todavía dentro de su calcetín...


Trabajadores recuperando un fragmento del Messerschmitt
Los restos de Eduardo Laucirica reposan en el panteón del Ejército del Aire en Montjuich. En cuanto a los restos de su avión, una vez analizados, fueron cedidos al Patronato del Campo de Aviación de la Sénia (Tarragona), donde forman parte de una exposición permanente. El campo de La Sénia es un antiguo aeródromo republicano donde, tras ser conquistado por el ejército franquista, había tenido su base la Legión Cóndor, a la que pertenecía el avión.

Motor Daimler-Benz DB 601 perteneciente al avión de Laucirica   

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