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martes, 9 de abril de 2019

LA AGOGÉ ESPARTANA, LA FORJA DE LOS SOLDADOS MAS LETALES DE GRECIA

La agogé espartana, el entrenamiento extremo que daba por resultado los soldados más letales de GreciaResultado de imagen de GUERREROS DE ESPARTA

A los niños se les sometía a prácticas penosas, un método para endurecerlos que consistía, entre otras cosas, en bañarles en vino y alimentarlos con forraje




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Los ancianos de la tribu («los gerontes») decidían si los recién nacidos debían ser criados o, si su salud era mala, se les abandonaba en la ladera de la montaña. El ser apto para el combate solo era el primer paso. El primer paso en un proceso para alcanzar la plena ciudadanía y poder acceder a las magistraturas y a los cuerpos de élite. A los niños se les sometía a prácticas penosas, un método para endurecerlos que consistía, entre otras cosas, en bañarles en vino y alimentarlos con forraje.La educación espartana era muy diferente a la que recibían los jóvenes de otras ciudades estado. Esparta militarizaba la vida privada de los jóvenes hasta los 30 años. Su legendaria infantería se alimentaba de los extremos métodos de entrenamiento que recibían desde recién nacidos los hijos de Esparta.
Se recomendaba criarlos sin pañales que constriñesen su crecimiento o debilitaran su resistencia al frío y al calor. Pronto debían perder el miedo a la oscuridad. Una vez endurecidos, en torno a los siete años, empezaba la verdadera agogé (la crianza), donde el Estado apartaba a los niños de sus familias para someterlos a entrenamiento militar. El propio gobierno de Esparta asumía la tutela y la educación pública de los futuros soldados, para lo cual destinaba a funcionarios especializados.



La educación de los jóvenes a cargo del Estado

Como describe Nick Fields en su libro «Termópilas: la resistencia de los 300», el Estado organizaba a los niños en bandas («agelai»), supervisadas por magistrados, que incentivaban el liderazgo natural a través de la selección de cabecillas. Su vida era austera, espartana. Los jóvenes dormían sobre lechos construidos con juncos, cortados de las orillas del río Eurotas, y disponían de un solo manto para todo el año. Con el tiempo se acostumbraban al dolor. De hecho, la mayor parte del tiempo permanecían desnudos y mugrientos, porque raramente se les permitía bañarse.
Se les privaba de alimentos, obligando a los niños a robarlos en los campos locales. Esto era en sí una trampa, porque si pillaban a los niños robando se les castigaba con brutales castigos físicos. Es más, cualquier ciudadano podía castigar a los niños si así mejoraba su disciplina. El método preferente era el apaleamiento, que contaba con una suerte de ritual. El lugar de apaleamiento se encontraba ubicado en un bosque, puesto que era necesario un árbol vigoroso y robusto, al cual se le enganchaba una cadena y a ésta un palo. Lo que hacía el muchacho era agarrar este palo mientras otros dos de sus compañeros lo apaleaban. Esta acción se llevaba a cabo con varas de bambú, puesto que dolía, picaba y desgarraba la piel. Por si el muchacho se caía de agotamiento o de dolor había otros dos compañeros que se encargaban de levantarlo para que pudiesen seguir apaleándolo.
El objetivo final de los castigos era que aprendieran el valor de trabajar en grupo, mejor en formación, y de respetar la autoridad ciegamente. La lucha, el atletismo y el manejo de las armas también eran materias fundamentales.
Por lo demás, la educación formal de los jóvenes espartanos era mínima, salvo en materias como la música, gimnasia y juegos relacionados con los principios del arte de la guerra. Según el historiador clásico Plutarco, aprendían entonces a leer y a escribir, al menos de forma básica, así como a cantar, principalmente letras de marchas. Frente a la famosa retórica de Atenas y otras ciudades griegas, de los hijos de Esparta se esperaba que hablaran de forma sólida y concisa (laconismo), al tiempo que con gracia.
Mientras que a los niños se les cortaba el pelo al rape, a los adolescentes que alcanzaban los 15 años, los efebos, se les autorizaba a llevarlo largo y bien cuidado. El largo cabello era uno de los rasgos más característicos de los guerreros espartanos.
El Estado asumía la tutela hasta los veinte años. A partir de esta edad, los jóvenes espartanos seguían viviendo en un régimen de cuartel y se les destinaba a distintas agrupaciones militares. El vínculo entre soldados se creaba así desde la niñez. Cada espartano dormía, comía y luchaba con sus compañeros de armas de la infancia. Este ambiente de camaradería se construía sobre una especie de amor que no tenía que ver con el sexo, pese a lo cual es posible que fueran frecuentes las relaciones homosexuales (aunque entre los griegos no existía el concepto de naturaleza homosexual).

«Únicos y verdaderos artistas de la guerra»

Vivían así bajo régimen militar hasta los 30 años, cuando se les entregaba una hacienda y un terreno para que formaran su propio hogar. Era en ese momento que adquirían todos los derechos de un ciudadano como uno de los iguales (homoioi). Lo tardío de los matrimonios y el papel limitado de la mujer en la sociedad griega alentaban, además de la homosexualidad, que los soldados acudieran a luchar sin cargas familiares a sus espaldas. Las mujeres también recibían una educación basada en la gimnasia y la lucha, una exigente actividad física con el fin de mantenerse ágiles y fuertes para poder engendrar a futuros guerreros sanos y robustos.

Todo este entrenamiento hacía de los espartanos los soldados más temidos de Grecia. Herodoto los describía como maestros del pasado en el arte de la guerra, mientras que otro autor clásico, Jenofonte, los admiraba como los «únicos y verdaderos artistas en materia de guerra». A diferencia del resto de hoplitas, los espartanos eran soldados profesionales a tiempo parcial en su ciudad estado, cuyo territorio se beneficiaba del aislamiento que le daban las montañas. En ningún otro punto de Grecia se podían permitir un nivel de profesional tan alto en la milicia.


martes, 26 de marzo de 2019

LAS TERMÓPILAS, LA BATALLA POR LA QUE LEONIDAS ENTRÓ EN LA LEYENDA



Leonidas y sus 300 en las Termópilas

 

Agosto del año 480 a.C. Los persas han llegado al desfiladero  de las Termópilas, el angosto brazo de tierra que separa la libertad de los griegos que aún resisten al invasor de la tiranía a la que ya han sido sometidos los pueblos al norte del desfiladero.
Frente al enemigo se apostan los aliados comandados por el rey espartano Leónidas. Es la segunda gran batalla de las Guerras Médicas que durante medio siglo enfrentaron a griegos y persas.
Diez años antes, los griegos habían derrotado a las huestes del rey Darío en Maratón.
Ahora, Jerjes, el nuevo monarca del Imperio Persa, se dispone a retomar el plan de su padre. El contingente asiático, un formidable ejército formado por tropas de cincuenta nacionalidades, cruza el Helesponto y llega a Europa. Jerjes comienza su incursión en tierras helenas desde el norte y los griegos se ven obligados a reunirse, soliviantar sus interminables disputas internas y hacer frente común ante la amenaza externa.
El rey persa, junto con la caballería y la infantería, avanzan por tierra hacia Tesalia mientras su flota le acompaña rumbo sur por las aguas del Egeo. Dado que sus fuerzas eran muy inferiores en número, los griegos debían perpetrar un plan para aumentar sus ya de por sí escasas posibilidades de victoria ante tan poderoso contrincante.
De este modo, se reunieron en el istmo de Corinto y decidieron buscar un lugar en el que la situación geográficasupusiera una desventaja para los persas y de esta forma tratar de equilibrar la balanza. Así, una vez detenido el avance del ejército persa, la impaciencia de Jerjes le llevaría a atacar por mar donde los griegos podrían aprovechar su conocimiento de las aguas y su destreza en el manejo de las naves para infligir una derrota a los persas que a la postre resultaría definitiva.
Así pues, la flota helena esperaría cerca del cabo Artemisio, al norte de la isla de Eubea, mientras que un contingente de infantería defendería el paso de las Termópilas (Puertas Calientes), así llamado por la existencia de fuentes termales sulfurosas en la zona.
En la actualidad, el lugar dista mucho de ser lo que era entonces, ya que los aluviones depositados por el río Esperquio han desplazado la línea de costa varios kilómetros hacia el este. Pero por aquel entonces, el paso tenía una longitud de unos 6 kilómetros de largo y en determinados tramos presentaba unos estrechamientos que solo permitían el paso de un carro. Los aliados se apostaron en el tramo central, parapetados junto al antiguo muro focense.
Por su parte, los espartanos se encontraron ante la difícil tesitura de elegir entre acudir a la contienda o respetar el carácter sagrado de su festival religioso que coincidiría en aquellas fechas. Finalmente determinaron no enviar al ejército hasta que finalizara dicho periodo.
Pero en Esparta el rey Leónidas, quien había dado su palabra al consejo aliado de que su pueblo respondería a la llamada de Grecia, decidió marchar junto con su guardia personal encabezando el contingente aliado, al que se unirían guerreros peloponesios, tespios, focenses, locrios, y tebanos, estos últimos a la fuerza, pues los aliados desconfiaban de sus continuos flirteos con el persa.
En total, unos 6000 hombres frente al inconmensurable ejército asiático. Si bien las cifras del historiador clásico Heródoto nos hablan de un número exagerado de la armada invasora, estudios más cercanos a la realidad calculan que las tropas de Jerjes podrían oscilar de los 200.000 a los 400.000 hombres. Toda Asia frente a un puñado de griegos.
Probablemente, Jerjes pensó que ante la imponente visión de su ejército, los aliados titubearían y acabarían por retirarse del paso. Así, subestimando su coraje, envió un mensajero que invitaba a Leónidas y sus hombres a rendirse y deponer las armas. ‘Moloon labé’ (venid a buscarlas) fue la respuesta del rey de los lacedemonios. El reto está servido y la batalla era inminente.
Los espartanos aprovechan las horas previas a la lucha para peinarse y ejercitarse ante los atónitos ojos de los persas, quienes no comprendía la aparente calma de sus adversarios.
Pero los hijos de Esparta llevaban tiempo preparándose para esto. Toda la vida, desde la agogé, esto es, la escuela en la que se educaban los niños espartanos. Desde los tres años, entrenándose por y para la guerra, parte intrínseca de a vida del orgulloso espartíata. En la mente no hay sitio para el miedo, solo una disciplinada preparación para el ataque.
Un ataque metódico, constante, implacable. Y los persas lo iban  a sufrir en sus propias carnes. Es tal el compromiso del espartano con el grupo, con su país, que llega casi al desprecio de la propia vida.
Se cuenta que, cuando un emisario persa fue enviado a los defensores de las Termópilas para amedrentarle con el poderío de sus arqueros, ‘hoy nuestras flechas oscurecerán el Sol’, un soldado espartano replicó, ‘tanto mejor, entonces pelearemos a la sombra’.
La batalla va a comenzar.

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Fotograma de 300.
Fotograma de 300.

LA JUNGLA

Desmontando el mito espartano: ni eran 300 ni salvaron la democracia

En la Jungla. 300 soldados espartanos resistieron ellos solos a todo el ejército persa, en un heróico sacrificio que permitió salvar occidente tal y como lo conocemos. Sin embargo, la realidad fue bastante diferente.


Entre el 7 y el 10 de agosto -o de septiembre, dependiendo de la fuente- del año 480 AC, 300 soldados espartanos liderados por el rey Leónidas I, se enfrentaron a un ejército de 2.800.000 persas en el paso de las Termópilas, un paso entre el norte y el sur de Grecia por el que debía pasar los ejércitos de Jerjes en en su paso para conquistar la península Helénica y unirla a su Imperio, el más grande que la humanidad había conocido hasta entonces. Pese a la diferencia en número, los espartanos resistieron durante tres días hasta que fueron traicionados y descubrieron un paso por las montañas que les permitió atacar a los griegos por ambos flancos. Su resistencia y su muerte permitió a los griegos organizarse y resistir la invasión, salvando nuestro modo de vida y nuestra democracia.
Esa es la historia que ha perdurado hasta hoy, en parte gracias a la versión que Herodoto escribió décadas después de la batalla -él tenía cuatro años durante los hechos que inmortalizó-, y más recientemente por el cómic de Frank Miller y la posterior adaptación cinematográfica de Frank Miller, 300 -esa película que parece un filtro de Instagram a cámara lenta-. Sin embargo, la realidad fue muy, muy distinta.


Para empezar, es cierto que los griegos estaban ampliamente superados en número, pero no eran 300 espartanos. O al menos no eran solo 300 espartanos. Aunque sí es verdad que los espartanos eran los responsables de la organización y que Leónidas I era el comandante, 400 tebanos, 400 corintios, 700 tespios, 1000 hoplitas, 2120 arcadios, 1000 locrios, 200 de Fliunte y 80 micenos. Cerca de 6200 soldados. Por otro lado, los persas no contaban con dos millones de hombres, sino con unos 200.000.
Una diferencia importante, pero no tanta. Y Leónidas fracasó: los persas cruzaron y arrasaron varias ciudades griegas durante un año, incluida Atenas, que fue saqueada.

martes, 19 de marzo de 2019

TEUTOBURGO EL BOSQUE QUE FUE LA TUMBA DE LAS LEGIONES ROMANAS


Teutoburgo: el bosque que acabó con las legiones romanas

La batalla puso en evidencia una de las escasas debilidades del ejército de Roma, su vulnerabilidad cuando no podían desplegarse en campo abierto

Foto: El bosque de Teutoburgo en un día con niebla. (Nikater)
El bosque de Teutoburgo en un día con niebla. (Nikater)


21.02.2016 – 05:00 H.

"Que las guerras deban parecernos una necesidad, es una prueba de nuestra estupidez".

Emanuel Lasker.

En una zona de complicada orografía, en lo más profundo de la actual Alemania, se extendía como una alfombra verde oscura, un bosque interminable, vasto y radicalmente enigmático, habida cuenta su incalculable extensión y las oscuras leyendas que hablaban de la voracidad de unos árboles vivos que no tenían consideración alguna hacia los bípedos que osaban entrar en sus dominios, a los cuales devoraban sin más contemplaciones. El bosque en cuestión alcanzaba (por comparación) a tener las dimensiones actuales de nuestra nación hermana, Portugal; esto es, aproximadamente unos cien mil kilómetros cuadrados y era literalmente impenetrable, tanto para la luz, como para los humanos. Hoy se reduce más o menos a la cadena montañosa boscosa de Teutoburgo, a unos 110 km de largo y unos 10 km de ancho, que no es poco.

Los hábiles, feroces y curtidos guerreros bajo la dirección de Arminio, aguardaban agazapados el paso de una enorme comitiva militar romana

Pero el bosque, en el año 9 de nuestra era, tuvo un súbito despertar, cobró vida, y abrió sus fauces para devorar en las siguientes 48 horas a cerca de 20.000 soldados romanos que, a pesar de las informaciones inquietantes que les suministraban sus exploradores, parecían muy confiados en sí mismos y en su reputación de invencibles. Algunas decenas de miles de guerreros germanos aguardaban hacía semanas, apostados en el silencio más absoluto, impecablemente camuflados en sacos de arpillera, mimetizada con barro y hojarasca de la que profusamente poblaba el suelo del tupido bosque como un manto continuo. Aguardaban pacientemente para intervenir en uno de los momentos más trágicos de la historia militar de la antigüedad y aplicar con severidad una venganza que ha pasado a los anales de la historia por lo escalofriantes detalles que se han ido revelando, mas allá de las crónicas de los escasos supervivientes de la brutal carnicería acontecida en sus entrañas.

Miles de pinos, robles y hayedos daban cobertura a los hábiles, feroces y curtidos guerreros que bajo la dirección del caudillo germano más famoso de la antigüedad, Arminio, aguardaban agazapados el paso de una enorme comitiva militar romana con órdenes precisas de generar tierra quemada, dar un escarmiento a los teutones y aplicar el horror a discreción. Pero el astuto guerrero alemán tenía otros planes más imaginativos para combatir con eficacia las probadas y exitosas tácticas legionarias.
Mientras, la columna romana avanzaba lentamente debido a la enorme cantidad de tropa comprimida en reducidos espacios de maniobra. Si a esto le añadimos el hándicap de la frenada lógica de la impedimenta y la logística que llevaba cada cuerpo legionario, y además le sumamos que circulaban por un territorio manifiestamente hostil y que el viento, la lluvia y el barro eran la tónica presente en el día a día de los expedicionarios, estaríamos describiendo un escenario con demasiadas resistencias no solo psicológicas, sino estratégicas, climáticas y de toda laya.

El bosque de Teutoburgo en la actualidad. (Natursehenswürdigkeit Externsteine)
El bosque de Teutoburgo en la actualidad. (Natursehenswürdigkeit Externsteine)

La tormenta perfecta

Escasos de tropas auxiliares —caballería, arqueros y honderos— para contestar eficazmente la fase inicial de un ataque y dar tiempo a las centurias a formar las famosas “tortugas”, las limitaciones y desventajas sumaban una masa crítica casi insuperable ante el ataque que se barruntaba. Todo lo que podían hacer era aferrarse a la esperanza de llegar a la fortaleza más próxima, en Aliso, cerca del río Lippe, a mitad de camino entre los ríos Weser y Rin.

De repente, la tormenta perfecta se desató. Un infierno de sonidos de una gravedad aterradora, reverberados por el eco profundo del bosque animado; unos instrumentales, producidos por el choque de las espadas o venablos contra los escudos propios, otros guturales, sostenidos en un griterío descomunal auguraban una de las más recordadas intervenciones del horror. Un Apocalipsis de flechas y dardos en medio de un rugido indescriptible salió vomitado de las lindes del bosque de Teutoburgo. Los hombres de Arminio cargaron contra la legión que comandaba el propio Varo tras lanzar en menos de un cuarto de hora cerca de veinte mil jabalinas y venablos, antes de entrar en un infernal cuerpo a cuerpo.


Contexto del dominio romano en la Germania Transrenana. En verde las zonas pacificadas, en amarillo los populi clientes ('pueblos clientes' o aliados) y en rosa los populi hostiles ('pueblos hostiles'). (Cristiano64)

Contexto del dominio romano en la Germania Transrenana. En verde las zonas pacificadas, en amarillo los populi clientes ('pueblos clientes' o aliados) y en rosa los populi hostiles ('pueblos hostiles'). (Cristiano64)

A pesar de que el primer ataque debió de haber sido terrorífico, los legionarios eran profesionales que difícilmente podían ser derrotados de un solo golpe. La primera legión retornó desde el noroeste y trató de reagruparse con los restos diseminados de las otras dos legiones que habían estado combatiendo todo el día sin tregua en una batalla de proporciones épicas y de una contundencia inusual.

Esa noche desapacible de un otoño entrante, azotados por vientos racheados, los restos de las tres legiones, se las arreglaron para apiñarse en un campamento provisional con una muy endeble fortificación, por no decir, harto inadecuada.

Cuando amaneció, llovía y soplaba un viento cortante. Los hijos de Roma eran conscientes de que no vivirían un día más, y se prepararon para mejor morir. Mientras, los germanos recibían refuerzosincesantemente ante las perspectivas del ingente botín y esclavos que les deparaba la previsible derrota de las legiones de Varo.
Documental sobre la batalla de Teutoburgo.

En retirada
El jefe de la caballería romana, en vez de morir con honor, huyó con su regimiento, con la vana esperanza de alcanzar el Rin y refugiarse en la otra orilla, pero pereció indefectiblemente durante la huida con los cerca de quinientos jinetes que le acompañaban. Varo, herido, era consciente de lo que le ocurriría si era capturado con vida. Para eludir la fatalidad, se apoyó contra su propia espada y con la convicción de los que saben lo que hacen, se atravesó el corazón limpiamente .Varios miembros de la alta oficialidad, siguieron el mismo camino. Dos generales quedarían al mando sin eludir el combate, cayendo honorablemente cuando los germanos entraron en tromba en el precario campamento.

El historiador romano Suetonio señala que Augusto, emperador a la sazón, cayó en una profunda depresión que le introdujo un rictus irreversible

Un joven oficial, Casio Querea, consiguió poner un poco de orden en aquel caos, y dirigió la huida de algunos legionarios, que escaparían amparados en la oscuridad de la noche, a través de los cuales ha llegado hasta nuestros días la historia del desastre. Se cree que la casi totalidad del contingente romano, unos 18.000 soldados, fueron muertos o masacrados en terribles sacrificios rituales en las entrañas del propio bosque de Teutoburgo. Otros 10.000 no combatientes, que incluían algunas tropas auxiliares, esclavos, comerciantes, mujeres y niños no tuvieron mejor suerte.

La moderna arqueología en su enorme labor detectivesca, hace mención clara a través de las pruebas de fotoluminiscencia de detalles indescriptibles. En las laderas de la colina de Kalkriese se ha documentado la localización de madres abrazadas a sus hijos en grupos amontonados, que al parecer fueron pasados por las armas sin más contemplaciones y sin respetar género ni edad. Asimismo y siguiendo la previsible huida hacia el sur de las diezmadas tropas de Varo, se han encontrado centenares de casos de aniquilaciones individuales, así como actos heroicos de formaciones de fortuna, o remedos de las eficaces tortugas con combatientes que intentaron organizarse para vender cara sus vidas ante aquel akelarre exterminador.

El historiador romano Suetonio señala que Augusto, emperador a la sazón, cayó en una profunda depresión que le introdujo un rictus irreversible y un profundo pesar del cual al parecer no se recuperaría nunca.

Monumento a Arminio en el bosque de Teutoburgo. (Michael Radtke)
Monumento a Arminio en el bosque de Teutoburgo. (Michael Radtke)

Una subida de impuestos que salió cara

Seis años después, Julio César Germánico concibió la idea de ir con sus tropas a visitar el lugar de la batalla para dar sepultura y tributar honores a los caídos. Los azares de la guerra y el destino de los hombres, inspirarían a Tácito hermosos y sentidos versos sobre aquella terrible masacre. Germánico y sus tropas, se encontrarían restos de miles de cabezas humanas clavadas en troncos de árboles. Los bosques cercanos estaban poblados de improvisados altares, junto a los cuales se habían sacrificado a los tribunos, centuriones y decuriones. El escenario era desolador, por no decir dantesco.

Hacia 1987, un arqueólogo británico, Anthony Clunn, hallaría 162 denarios y tres bolas de plomo del tipo usado en las hondas del ejército romano. Posteriores investigaciones a cargo de arqueólogos experimentados conducidos por Wolfgang Schlüter llevaron a conclusiones convincentes en el sentido de que la batalla tuvo lugar al norte de la colina Kalkriese, entre los pueblos de Engter y Venne, en el borde norte del bosque de Teutoburgo, 30 km al norte de la ciudad de Osnabrück, a unos 200 kilómetros de Colonia, lugar hoy ampliamente aceptado por la comunidad arqueológica.
La batalla del bosque Teutoburgo puso en evidencia una de las escasas debilidades tácticas de las legiones romanas, que no era otra que su vulnerabilidad cuando no podían desplegarse en campo abierto. En los espacios cerrados las formaciones romanas perdían sus mejores cualidades: su disciplinada formación, y su flexibilidad táctica.

Varo pagó cara su osadía. Su expedición de castigo venía derivada por una subida de impuestos que a los rubicundos teutones les pareció excesiva. Ironías de la vida.




jueves, 14 de marzo de 2019

EL DEPOSITO LEGIONARIO.....EL PLAN DE PENSIONES DEL LEGIONARIO DE ROMA

Depósito legionario. Plan de pensiones.

"Legionarios en el barracón", Ronald Embleton

Un Plan de Pensiones es  un ahorro a largo plazo destinado a cubrir unas contingencias determinadas, definidas como la jubilación, invalidez laboral total o permanente, fallecimiento y desempleo de larga duración. Este concepto que nos puede parecer muy moderno ya existía en tiempo de los romanos. Los legionarios romanos estaban obligados no a contratar un plan de pensiones propiamente dicho, sino a dejar parte de su paga como depósito.  

Ahorro obligado del soldado romano.


Los legionarios romanos estaban obligados a  ahorrar,  tenían que depositar parte de su paga en el mostrador de efectivos de su unidad. Estos depósitos  forzosos eran recuperados al final del servicio, o  pasaban a sus herederos en caso de muerte.

"Nuestros antepasados ​​han establecido la práctica de mantener almacenados cerca de la mitad de las sumas que la generosidad imperial otorga a los soldados ... Cada cohorte tenía diez carteras de cuero en las que se ponía el dinero. Se agregó una undécima bolsa en la que cada legionario depositaba un obole, y cuando un soldado moría, se tomaba la suma necesaria de su entierro. "(Vegetius, Of Re militari, II, 20)

Este ahorro forzado tenía ventajas y desventajas:

Ventajas:
Evita que el soldado se lo gaste en mujeres, bebida o en juego de dados de los que eran muy aficionados.
Inmoviliza una considerable cantidad de dinero y la elimina del circuito económico.

Desvantajas:

Esta acumulación puede financiar una revuelta como la Revuelta de  Saturnino que implic a la 
Legio XIV Gemina y a la Legio XXI Rapax.

"Prohibida para duplicar los campamentos de las legiones, y no sufrió que los depósitos recibidos de más de 1.000 sestercios, debido L. Antonius tenía dos legiones juntos en los mismos cuarteles de invierno, se ha alentado a la revuelta por la importancia de las sumas reservadas "(Suetonius, Domiciano, VII, 4)

Se limitaron los depósitos a 250 denarios por hombre,para evitar nuevas revueltas.
Imágenes:
 
 

miércoles, 27 de febrero de 2019

EL SECRETO DE "FUEGO GRIEGO"

Fuego griego, el secreto militar mejor guardado de la Historia


Aunque pueda parecer magia o ciencia ficción, existió un arma incendiaria que logró salvar Constantinopla de la expansión islámica. Y su potencia era tal que, tras incendiar todo aquello que encontraba a su paso, resultaba toda una proeza apagar su fuego.

El llamado fuego griego ha sido, sin duda, el secreto militar mejor guardado hasta la fecha. Aún hoy hay químicos e historiadores dedicándose a la tarea de desgranar la lista completa de posibles ingredientes de esta materia viscosa capaz de arder en el agua.

Pero, ¿cuál es el origen de esta poderosa arma?

Es bien sabido el uso que el imperio bizantino hizo del fuego griego, sin embargo, su origen no data de este consabido hecho.

Representación de un ataque naval con fuego griego.
Remontándonos al año 214 a.C., durante el asedio de la ciudad de Siracusa cuando Marco Claudio Marcelo y su poderosa flota trataron de asediar la ciudad griega, encontramos a una mente brillante que logró ofrecer la mayor resistencia. Arquímedes destruyó gran parte de la flota invasora usando un fuego similar en comportamiento al que hoy conocemos como “fuego griego”.
Sin embargo, el fuego griego que hoy conocemos data de muchos siglos después. Un refugiado cristiano de origen sirio llamado Calinico llegaba a la ciudad de Constantinopla poco tiempo antes del gran asedio por parte de los árabes. Es a él a quien se le atribuye el mérito del desarrollo de la composición.

Las crónicas dicen que este habilidoso ingeniero pudo basar su mezcla en composiciones desarrolladas por otros alquimistas a lo largo de la historia.

La fórmula secreta

Aún hoy se desconocen con exactitud las proporciones y los ingredientes exactos de esta fórmula mortal.
El secreto se protegió con tanto celo que los técnicos que se dedicaban a su desarrollo tenían prohibido tomar contacto con el mundo exterior.
De hecho, y aunque no se puede poner en duda su existencia, el fuego griego supone el mayor secreto jamás guardado a nivel militar.

Uso del fuego griego, ilustración de una crónica bizantina.
Investigaciones recientes hablan de una composición basada en nafta (una parte del petróleo), azufre, puede que amoniaco, y algún tipo de resina.
Otros estudios van un paso más allá y afirman que podría incluso llevas sustancias como la cal viva o el nitrato.
Gracias a algunos documentos de la antigüedad, sabemos que durante el ataque con fuego griego se experimentaba un clima colmado de humo y truenos. Esto se debe a la reacción explosiva que provocaba la gran cantidad de gases derivados del fuego. Lo que en aquella época no se sabía era que aquellos gases presentes en el humo del fuego desprendían elementos altamente tóxicos, como el azufre o el amoníaco.
Fue un arma usada en tierra y mar, pero su capacidad para avivarse en contacto con el agua la convertía en la elección perfecta cuando la batalla se libraba en barco.
Dado que el agua no podía emplearse para apagar las llamas, las crónicas relatan el uso de arena, vinagre e incluso orín para acabar con el ataque.
Su uso en las batallas navales estaba rodeado de un halo de misterio y brujería. Para aquellos hombres, conocedores del mito del fuego griego, era realmente un acto de gallardía quedarse y no huir al ver aparecer los sifones desde los que se lanzaba la mezcla.
Una vez ésta tocaba el agua y comenzaba a prender, incendiaba todo aquello que encontrara a su paso.

Un grupo de vikingos rus intenta abordar un dromon bizantino que suelta llamaradas de fuego griego.
Los sifones instalados en las naves no fueron los únicos elementos empleados para atacar con fuego griego. Los marineros bizantinos iban pertrechados con un tipo de recipiente cerámico de pequeño tamaño rellenado con la mezcla incendiaria. Se trata de un primer boceto de lo que hoy conocemos como granada de mano, y a menudo se usaban para lanzar la fórmula a un punto concreto de la embarcación enemiga.

El salto a la fama

Aunque como hemos visto, existen varios periodos en la historia en los que el fuego griego se convirtió en protagonista, hay un hecho histórico de tal magnitud que le hizo saltar a la fama y servir de inspiración a numerosas referencias culturales posteriores.
Durante los dos grandes asedios árabes de Constantinopla (674-678, y 717-718), el fuego griego fue esencial y determinó, en el más puro sentido de la palabra, el futuro de la historia universal. Según José Soto, historiador experto en la época medieval, de haber triunfado los árabes, la Europa tribal del siglo VII no habría logrado resistir, y habría sido el Islam la civilización hegemónica en los días que nos ha tocado vivir.

Además, el fuego griego fue usado por el imperio para repeler otros asedios, como en la guerra ruso-bizantina del año 941, en las que 15 dromones bizantinos repelieron con fuego griego a los vikingos rus embarcados en miles de drakkars.

De las crónicas de historia a la cultura popular

Hoy son muchas las representaciones culturales que hacen referencia al tan conocido fuego griego, concebido en ocasiones desde una perspectiva casi mágica. Desde novelas, hasta series de televisión, pasando por videojuegos.
Quizá su representación más popular sea el fuego valyrio, arma de importancia decisiva en varias ocasiones en la serie de novelas Canción de hielo y fuego, cuya representación televisiva es más conocida como Juego de Tronos.

Tyrion Lannister es la mente estratégica que idea el uso de fuego valyrio para proteger la Bahía del Aguasnegras.
También hace una aparición estelar en el conocido best seller El Último Catón, de Matilde Asensi. Sus protagonistas también hacen uso del fuego griego.
Y para todos los amantes de los videojuegos, el fuego griego también aparece en Assassin’s Creed: Revelations, cuando Ezio Auditore utiliza un cañón similar a los que utilizaron los bizantinos para incendiar un puerto de Constantinopla. Además, en Age of Empires II aparecen unos barcos bizantinos que lanzan fuego a las naves enemigas.



domingo, 24 de febrero de 2019

LA CAIDA DE COSTANTINOPLA


La bombarda y el eclipse que propiciaron la caída de Constantinopla

La ciudad estaba tremendamente fortificada con un sistema de triple muralla de más de seis kilómetros de longitud, un enorme foso y unas trescientas torres defensivas

 La entrada del sultan Mehmed II, en Constantinopla, el 29 de de mayo de 1453

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Estambul, la antigua Constantinopla, se encuentra situada en el estrecho del Bósforo, y es un lugar estratégico de primer orden, ya que controla el acceso marítimo al mar Negro. Fue construida en el siglo IV sobre siete colinas, a semejanza de Roma, cuando el emperador Constantino (272-337) instituyó allí la capital del imperio romano.
La ciudad estaba tremendamente fortificada, con un sistema de triple muralla de más de seis kilómetros de longitud, un enorme foso y unas trescientas torres defensivas. Un sistema que la hacía inexpugnable a cualquier ejército o al menos eso parecía.

Una muralla infranqueable

En 1453 el sultán turco Mehmet II (1432-1481) resolvió poner fin al imperio bizantino. Congregó frente a Constantinopla un poderoso ejército, compuesto por más de 5.000 hombres. A pesar de la superioridad numérica, cada vez que los turcos, pertrechados de escalas y torres de asedio, intentaban acceder a la primera línea de los baluartes eran rechazados con enorme facilidad por los bizantinos.
Tanto defensores como atacantes contaban, además, con bombardas -también llamadas lombardas-, unos cañones portátiles con los que lanzaban proyectiles esféricos de granito –los bolaños-. Eran piezas de artillería muy rudimentarias, con un radio alcance muy limitado y sin ninguna precisión en el disparo.
Además, las bombardas solían alcanzar elevadas temperaturas en cada disparo, por lo que no era raro que estallasen de forma imprevista y terminasen con la vida de los operarios.

La gran bombarda

En 1452 un ingeniero húngaro, llamado Urban, Orban o Urbano se ofreció a los bizantinos para construir una gran bombarda que hiciese imposible que la ciudad fuese conquistada.
Urban era un fundidor de hierro, una profesión en alza en aquella época, ya que empezaban a aflorar las armas de fuego en los campos de batalla. Los bizantinos desestimaron su ofrecimiento por varios motivos: por una parte no estaban dispuestos a pagar los elevados honorarios que exigía y, por otra, no estaban en condiciones de aportarle los materiales que necesitaba para la fabricación de la bombarda.
A continuación Urban, seguro de sí mismo, se presentó ante el sultán Mehmet II, el cual no sólo le escuchó con atención sino que contrató sus servicios y le facilitó todo lo que necesitaba para construir una gran bombarda.
En tan sólo tres meses el húngaro consiguió fabricar una pieza de artillería revolucionaria. El invento era monstruoso: pesaba unas dieciocho toneladas y constaba de dos piezas de bronce unidas entre sí, de una longitud superior a los 8 metros, capaz de lanzar proyectiles de hasta 600 kilos de peso.
La bombarda tenía sus defectos. Uno de ellos era la cadencia del disparo, tan sólo se podían disparar seis o siete proyectiles por día, ya que para cargarla se necesitaban unas tres horas de trabajo. El otro era su imprecisión, los operarios no podían asegurar con cierta exactitud el punto en el que acabaría el proyectil.
El 7 de abril de 1453 puso a trabajar a su Gran Bombarda. Los efectos no se hicieron esperar y la muralla bizantina se empezó a desquebrajar, sin embargo, durante los primeros días los bizantinos conseguían reconstruir por la noche lo que los otomanos destruían por el día.

Un aliado astronómico inesperado

En la noche del 24 de mayo de 1453 ante la sorpresa de atacantes y sitiados se produjo un eclipse de luna durante más de tres horas. Aquel inesperado regalo no gustó nada a los bizantinos que recordaron con tristeza una profecía del emperador Constantino que afirmaba que la ciudad sobreviviría únicamente mientras la luna brillase en el cielo.
Los malos augurios se cumplieron pocos días después, cuando los bizantinos no pudieron repeler el ataque y al final de la jornada una bandera turca hondeaba en las murallas de Constantinopla. Era el 29 de mayo de 1453. Más allá de las discusiones historiográficas, la caída del milenario imperio bizantino convulsionó el mundo conocido.
M. Jara
- M. Jara
Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación