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jueves, 2 de junio de 2016

QUE PASA CON EL MATERIAL MILITAR EXCEDENTE ???

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¿Dónde acaba el material militar excedente o que ha llegado a su fin de vida útil?

Después de la segunda guerra mundial los aliados se encuentran con cantidades ingentes de material militar que ya no tiene utilidad. Más de 250.000 aviones fueron fabricados por los americanos y muchos de ellos estaban en activo al finalizar la guerra. Carros de combate,  prendas de vestir, camiones, jeeps, barcos… se amontonaban en las zonas de operaciones y en las instalaciones. ¿Qué hacer con todos estos equipos?
Mucho de este material no tenía sentido retornarlo a EEUU por motivos logísticos,. En Alemania por ejemplo se crea en 1950 la agencia estatal Vebeg que gestionaba la venta del material militar de los aliados “comprado” por el gobierno alemán y que es devuelto al tesoro. Actualmente Vebeg continua en funcionamiento vendiendo el material excedente de las fuerzas armadas alemanas, policía, organismos públicos y la OTAN y es considerada como el primer organismo público dedicado exclusivamente a la venta de material excedente de la historia. En sus subastas puedes encontrar vehículos, prendas de vestir, chatarra y aeronaves (como este ejemplo de lote en venta).
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En EEUU el material excedente o surplus se convierte en una oportunidad de comprar material de buena calidad a precios de liquidación.  Y esto atrae a los emprendedores.  Aunque en 1872 Francis Bannerman crea el primer negocio de surplus militar al comprar al gobierno los excedentes de la guerra civil, es después de la segunda guerra mundial cuando  surgen por todo EEUU tiendas dedicadas a la venta de este tipo de bienes., las llamadas Surplus Stores. Mas de 40 millones de dólares de prendas de vestir salieron a la venta en 1946, solo seis meses después de terminar la guerra. Las prendas militares fueron adquiridas masivamente por los granjeros en EEUU por su durabilidad y bajo coste, dándoles así una segunda vida en tareas mas productivas. Además el sector se vio beneficiado por una gran cantidad de generadores diesel que eran comercializados por una organización gubernamental. Estos generadores de bajo coste, permitieron a las granjas modernizarse y aumentar su producción, introduciéndose el diesel en el campo.
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Otras ventas de material se realizaban mediante subasta por todo el mundo, desde motocicletas a chatarra.
24th April 1946:  Some of the 1,000 surplus motorcycles which are to be sold in batches of five for scrap at Great Missenden, Buckinghamshire.  (Photo by William Vanderson/Fox Photos/Getty Images)
Subasta de motocicletas en Inglaterra (1946)
En 1955 se produjo la mayor venta de material excedente de la historia. Durante 18 meses se vendieron en distintas localizaciones 5 billones de dólares (44 billones en la actualidad) de valor de material excedente. A esta operación se le denomino “Operation Cleansweep”. Se recuperaron 13 céntimos por cada dólar de valor del material. En esta operación las subastas se realizaban públicamente a mano alzada, frente a las subastas a sobre cerrado que se realizaban anteriormente, ya que el departamento de Defensa había experimentado incrementos de valor  de venta considerables. Se invento además el termino “proxy bid” ya que se podían remitir en un sobre las pujas máximas para la gente no presente. Estas pujas podían ser superadas por los presentes. En esta subastas el Tio Sam buscaba maximizar el valor de retorno al contribuyente y fijó las bases de lo que ha sido la venta de material excedente hasta nuestros días en EEUU.5
Actualmente el material excedente es gestionado mediante la máxima de la reutilización. El material se ofrece primeramente para su reutilización dentro del Departamento de Defensa ( DoD ) , después a otras federales , y la donación a policías locales, ayuntamientos o organizaciones. La reutilización significa un gran ahorro. En los últimos cuatro años más de $ 10 mil millones se han vuelto a utilizar “el valor de cada dólar reutilizado es un dólar de impuestos ahorrado al contribuyente”.  En 1990 se pone en marcha el programa de entrega de material a las policías locales. Desde 2006 las cifras de material entregado pueden verse en la gráfica siguiente.
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El material que no es reutilizado pasa a estar disponible para la venta, bien a terceros países a través de los programas FMS (Foreign Military sales) bien a través de subastas online (continuando con el modelo de los años 50 pero adaptado a las ventajas de la tecnología actual). Estas subastas se realizan por empresas especializadas que han ganado los contratos para la gestión de este tipo de material en tres grandes grupos: stocks sobre ruedas, stocks no rodados y chatarra.  Cada uno de estas empresas gestiona la venta de todos los bienes dentro de esa familia, realizando todos los trabajos asociados por un % del valor final de la venta de cada lote.
Hasta hace un par de años, el único vehículo que no se vendía en subasta era el Humvee, ya que no se consideraba apto para la circulación. Desde que esta normativa cambio se han vendido más de 3.000 unidades.
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El volumen de ventas en estas subastas es enorme. El Departamento de Defensa en EEUU genera casi el 6% de toda la chatarra que se vende en el mercado americano. Las subastas que se realizan son seguidas por el mercado ya que afectan a los precios de venta y marcan precios de referencia.
En España nuestras fuerzas armadas están modernizando el proceso de venta, que sigue anclado en la ley de enajenaciones de los años 70. Las subastas siguen siendo presenciales, muy limitadas y con grandes carencias.  Este tipo de subastas a sobre cerrado para este tipo de ventas ya se demostraron ineficaces hace más de 60 año y son netamente mejorables con las ventas online.  Es por esto que nos surgen algunas preguntas ¿porque no se adapta la ley a los nuevos tiempos y se replican los modelos de EEUU, Alemania o Reino Unido? ¿Es realmente el retorno al contribuyente una máxima en este tipo de ventas dentro de las fuerzas Armadas?, pero todo esto da para alguna futura entrada dedicada en el blog.

miércoles, 4 de mayo de 2016

DIVISIÓN AZUL: EL MANUAL PARA COMBATIR EL FRÍO RUSO

El general Gulliermo Díaz del Río relata en su libro de memorias de guerra  Los Zapadores de la División Azul las visicitudes de la III Compañía de zapadores del Batallón de Zapadores, de la que fue capitán hasta el verano de 1942.
Vivió de primera mano los duros combates de Possad y Otenski y de los blocaos Vérctice y Minas durante el mes de noviembre con temperaturas de 15 y 20 grados bajo cero. Hablando del deficiente equipamiento de abrigo del que disponía el ejército alemán en aquel invierno de 1941, Guillermo Díaz  hace algunas observaciones respecto a las normas a seguir para evitar casos de congelación.

–  Después de un servicio en el exterior con temperaturas bajo cero no se podía uno acercar directamente al fuego, pues había que esperar a que la reacción del cuerpo se fuese logrando con ejercicio o friccionando la parte sensible que más contancto hubiese tenido con el terreno helado o con las bajas temperaturas, habitualmente las manos y los pies. Sólo después se podía uno acercar a la hoguera. ¡Pero quién resistía después de varias horas a 15 grados bajo cero la tentación de acercarse a una hoguera!
– Para protegernos del frío disponíamos de un pasamontañas que cubría eficazmente nariz, boca, cabeza y cejas, dejando libres únicamente los ojos. Las pestañas se cubrían con una capa de hielo, lo mismo que el bigote.
– Los soldados se ponían el pasamontañas y sobre él el casco de acero, con lo cual tenían la sensación de que se les helaban los sesos.
– En los reconocimientos en el bosque el oído jugaba un gran papel, por lo que en los días de viento o ventisca había que ir sin el casco , ya que el ruido que producía el viento contra él no permitía tener ese sentido en máxima alerta.
Este soldado del 3º Batallón del 263 parece que lleva la bocamanga desdoblada
– Para las manos no disponíamos de guantes, había dos soluciones: desdoblar la bocamanga del capote (estaba prohibido) o ponerse en las manos unos calcetines de lana pues era muy peligroso tocar el armamento con las manos descubiertas.
– Si la nariz o las manos tenían un principio de congelación, una solución era frotarse con nieve, más adelante tuvimos una pomada especial.
– Al Capitán del Batallón de Zapadores Alonso Cabezas, que caminaba por una aldea sin pasamontañas, se le empezó a helar la nariz sin que él se diese cuenta; de pronto ve cómo una campesina se inclina en el suelo, del que coge un puñado de nieve y con ella empieza a frotarle fuertemente la nariz; la rápida acción de esta campesina le salvó de una segura congelación.


– Era preciso proteger el armamento del frío si se quería tenerlo en condiciones de empleo; se decía y era cierto que el armamento ruso era más resistene a las bajas temperaturas. Efectivametne, nuestras metralletas, con ser muy buenas, podían no funcionar en un momento dado por congelarse la grasa de sus piezas; sin embargo, el “naranjero” ruso nunca se atascaba y había algunos que con los “naranjeros” cogidos al enemigo sustituían a las metralletas propias.
El Naranjero
Comenta también el General Díaz como recibieron ropa de abrigo que los civiles habían mandado desde Alemania para los soldados del frente ruso. Por último, cuenta la anécdota de como Muñoz Grandes consiguió finalmente guantes para la División:

“Fue llamado por el mando del Cuerpo de Ejército para que informase de la situación de la División en diferentes aspectos, pues al mando alemán le interesaba saber cómo reaccionaba un europeo meridional ante los intensos fríos. Al preguntarle si teníamos guantes, nuestro General le contestó que en ese aspecto no teníamos problemas. Extrañado el general alemán le preguntó cómo habíamos resulto ese problema y el General, sacando unos calcetines de lana de su bolsillo, se los puso a modo de guantes. Aquello le debió de saber a cuerno quemado al General del Cuerpo de Ejército y dio orden a los Servicios de Inrtendencia alemanes para que suministrasen con urgencia guantes a toda la División”


martes, 3 de mayo de 2016

LA VII BANDERA DE LA LEGIÓN: "ESTAMOS EN EL MÁXIMO NIVEL DE CAPACIDAD DE COMBATE"

«Estamos en el máximo nivel de capacidad de combate»

La VII Bandera en el homenaje a los caídos.
La VII Bandera en el homenaje a los caídos. / Brileg
  • La VII Bandera se prepara en operaciones especiales y en acciones subterráneas y el legionario podrá actuar de agente de la autoridad


La VII Bandera cumple hoy 90 años. «Desde un pasado glorioso a un presente y futuro prometedor», indica el teniente coronel jefe Antonio Armada Vázquez con ocasión del XC Aniversario de la unidad más antigua de la Legión Española.

Dado el óptimo resultado obtenido por la Legión desde su fundación, un Real Decreto de 16 de febrero de 1925, dispuso un aumento de plantilla para estas fuerzas, «siendo este el origen de una nueva bandera, la VII», según el resumen histórico facilitado por el comandante González Calderón. Unidad que adoptó como guión la Cruz de la Orden de Santiago, en memoria del que fuera heroico jefe legionario teniente coronel D. Rafael de Valenzuela (caballero de esta orden) muerto al frente de sus legionarios en el combate de Tizzi Azza el 5 de junio de 1923.

El uno de mayo de 1925, la VII Bandera quedó organizada (en cuanto a la oficialidad se refiere) y constituida en el acuartelamiento de Dar-Riffien. El guión de la VII Bandera porta en lo alto anudadas a la moharra, las corbatas Cruz de Guerra Francesa con Palma de Plata (28-6-1926), Cruz de Guerra Francesa con Hoja de Roble de Oro (28-6-1926), Medalla Militar Colectiva (Vaciamadrid, 11-2-1937), Medalla Militar Colectiva Colectiva (El Ebro, 17-11-1938).

Además de las corbatas de condecoraciones colectivas en guerra, la Corbata de la Orden del Mérito Civil concedida el 6 de diciembre de 2006 por S.M. el Rey D. Juan Carlos I, en reconocimiento a los méritos realizados durante la misión de la UEO (Unión Europea) en la República Democrática del Congo.

Acción de guerra 

Entre el 16 de junio de 1925, que la Bandera recibe su bautismo de fuego, a diciembre de 1975, que el Gobierno entrega el Sáhara, transcurrieron 50 años en 'pie de guerra' en tres etapas bien diferenciadas que fueron la Guerra de Marruecos (1925-1932), Guerra Civil (1936-1939) y Guerra Ifni Sáhara (1957-1975). Valga recordar que Ifni (Sidi-Ifni) es un territorio situado en el SO de Marruecos que ocupa una franja costera, de unos 1.500 kilómetros cuadrados, sobre el océano Atlántico, que el gobierno español convirtió en provincia de ultramar. En 1969 fue devuelto a Marruecos, después de haberse concertado algunos tratados de pesca entre ambos gobiernos.

El esfuerzo realizado por la VII Bandera durante este periodo, como las demás unidades de la Legión, es difícil de evaluar y sobre todo cuando se trata de resumir en unas líneas. Los efectivos que pasaron por sus filas fueron muchos. De hecho en repetidas ocasiones las banderas tuvieron que reponer casi al completo sus plantillas tras verse implicadas en combates especialmente violentos.

Los siguientes años de la Legión son, como para el resto del Ejército, de organización y redespliegue de unidades. El Tercio 'D. Juan de Austria' 3º de la Legión, al que pertenece la VII Bandera 'Valenzuela' se ubicó en la isla de Fuerteventura tras dejar el Sáhara.

El teniente coronel Armada considera 2015 un año dichoso, que ha permitido reactivar, poner en funcionamiento la 3ª Compañía después de trece años cerrada, debido a la falta de personal por restricciones económicas, «poniendo al completo la organización de la Bandera».

La VII 'Valenzuela' está integrada por 3 compañías de fusiles (1ª, 2ª y 3ª) una de servicios (4ª) y otra de mando y apoyo (5ª), además de la Plana Mayor. «Estamos a nivel de combate excepcional» o lo que en este caso es igual a estar «en el máximo nivel de capacidad alcanzada».

La VII Bandera es un primer medio de respuesta militar ante situaciones de crisis. Los vehículos BMR (Blindado Medio sobre Ruedas) «de los que dispone 81 en la actualidad» y de MRAP (Mine Resistan Ambush Protected) les proporciona una gran flexibilidad y versatilidad con aptitud para actuar en un amplio espectro de escenarios y misiones.

Entre el material, armamento y equipo con que cuenta destaca el fusil de asalto Heckler & Koch G 36 de 5,56 mm, fusiles de precisión, morteros, misiles contracarro de distintas características y lanzagranadas. Integrada en el Tercio 'D. Juan de Austria', pertenece a la Brigada de la Legión y está ubicada en la Base 'Álvarez de Sotomayor' de Viator.


Alta disponibilidad 

La VII Bandera es una unidad de alta disponibilidad lo que implica un mayor adiestramiento. «El año pasado realizamos tres ejercicios interarmas de gran capacidad» cuando generalmente es uno el que se hace.
Lleva a cabo un adiestramiento 'Multirole' que, según las explicaciones de su jefe, Tcol. Armada, «puede operar con BMR, también sobre MRAP o en configuración ligera u operar en todo el espectro del conflicto». Se está en constante preparación y entrenamiento siempre bajo los aspectos de Fuerza de Respuesta de la OTAN (Nato Response Force, NRF) y de Fuerza de Muy Alta Disponibilidad (VJTF). Preparación que se considera base del nuevo concepto de unidades polivalentes.

Novedad en curso es la preparación que llevan los legionarios para actuar en funciones de agentes de la autoridad, llegado el caso. Instrucción y conocimientos para intervenir en apoyo de la sociedad civil. «El legionario se está validando como agentes de la autoridad». Quiere decir que el adiestramiento va desde las misiones de apoyo a las autoridades civiles de operaciones de estabilización, de apoyo a la paz con ambiente asimétrico (terrorismo) y de combate convencional e híbrido (este todo mezclado).

Experiencias piloto 

«Estamos a la vanguardia de dos experiencias pilotos», dice el teniente coronel Armada. Se están desarrollando procedimientos de integración con fuerzas de Operaciones Especiales. Consiste en conocer cómo las unidades del Mando de Operaciones Especiales (MOE) «pueden sacar partido de las capacidades de una unidad como la VII Bandera, que es unidad de fuerzas convencionales y viceversa». Una.
La otra. «Estamos a la vanguardia de la experimentación del combate en ambiente subterráneo (minas, cuevas, alcantarillado, complejos industriales y militares subterráneos»). Actividad, mejor dicho procedimientos, que ha suscitado un gran interés internacional. Las dos son experiencias pilotos de las Fuerzas Armadas españolas.
Para el teniente coronel Armada los proyectos presentes y futuros pasan por mejorar los procedimientos con unidades de Operaciones Especiales y poder contar, próximamente, con el nuevo vehículo 8x8 que entra dentro de las prioridades del Ejército de Tierra y del Estado Mayor de la Defensa (EMAD). Vehículo de 8 ruedas, de mayor protección, movilidad (táctica y estratégica) y mayores prestaciones de combate.
Noventa años en los que se ha servido fielmente a España, en palabras de Armada.


IDEAL.ES

ALEXANDER PROKHORENKO EL HÉROE DE PALMIRA

Alexander Prokhorenko, el soldado ruso que dio su vida para recuperar Palmira

  • El joven, acorralado por yihadistas, llamó un ataque aéreo sobre su propia posición para combatir al Estado Islámico
Alexander Prokhorenko, el soldado ruso que dio su vida para recuperar Palmira
Una imagen del video de la boda de Alexander Prokhorenko con Ekaterina (Reuters)
Su nombre era Alexander Prokhorenko y tenía tan sólo 25 años. Este soldado ruso luchó durante varias semanas para liberar la antigua ciudad siria de Palmira hasta que se encontró rodeado de militantes islámicos.

Ante el temor de ser capturado y torturado, Prokhorenko decidió morir con dignidad y llamó un ataque aéreo sobre su propia posición. El joven sacrificó su propia vida para poder recuperar así un punto de vital importancia en manos de los yihadistas desde el pasado mes de mayo.

Las autoridades rusas han desvelado su identidad esta semana y le han rendido homenaje. Vladimir Putin le ha otorgado el título de Héroe de la Federación de Rusia.
Misión secreta
 
Su esposa, Ekaterina, con la que llevaba casado 18 meses y estaba esperando su primer hijo, se ha enterado de la trágica noticia tras el comunicado del gobierno. Ni siquiera ella conocía la misión secreta de su marido, que consistía en meterse en territorio yihadista e ir informando de las coordenadas de Daesh, para que fueran bombardeados por los aviones rusos.

En su último contacto con miembros del ejército, el joven pidió que dijeran a su familia lo mucho que les quería y que vengaran su muerte.

Su acción le ha costado la vida pero también le ha convertido en un héroe. La hazaña le ha valido el nombre de “Rambo ruso”.

LA VANGUARDIA

MADRID 2 DE MAYO 1808: DAOIZ Y VELARDE LOS MILITARES QUE SE UNIERON AL PUEBLO EN SU DEFENSA DE ESPAÑA

Los militares se unieron al pueblo y defendieron, a costa de sus vidas, el madrileño Cuartel de Artillería de Monteleón durante el levantamiento contra los franceses

Son cientos los episodios en los que la valentía española se hace un hueco en la Historia. No obstante, pocos hechos hay más heroicos que los protagonizados por los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde, quienes murieron heroicamente en las calles de Madrid luchando, sin más ayuda que un mosquete y un sable, contra miles de invasores franceses
De San Bernardo hasta Fuencarral, calles por las que hoy caminan centenares de madrileños, el 2 de mayo de 1808 el pueblo español se levantó contra el enemigo que amenazaba su soberanía: Napoleón, personificado en cada militar francés. Junto a él, multitud de soldados también tomaron las armas y, aunque en aquel momento la revuelta fue reprimida, sin duda sentó las bases para la expulsión francesa cinco años después

Un lobo con piel de cordero

Para conocer la historia de estos dos heroicos españoles es necesario remontarse hasta el año 1807, tras la creación de una alianza entre la Francia de Napoleón y la España de Carlos IV. Por aquellos tiempos, el «pequeño corso» quería a toda costa conquistar Portugal, por lo que ofreció a Manuel Godoy, valido del rey, un tratado aparentemente inmejorable: el reparto del país luso una vez derrotado.
Las condiciones parecían óptimas para los españoles, que únicamente debían «abrir las fronteras» al ejército francés para facilitar su llegada a Portugal a través de la Península. Como era de esperar, el conocido como «Tratado de Fontainebleau» hizo mella en la corona, que permitió al ejército imperial de Napoleón cruzar España de punta a punta.
Sin embargo, lo que nadie podía imaginarse es que las intenciones del emperador francés eran otras. Así, de los más de 60.000 soldados que entraron en España, no todos se dirigieron hacia la frontera portuguesa, sino que multitud de unidades imperiales fueron estableciéndose en decenas de localidades españolas para sorpresa de los ciudadanos.
Esta «toma pacífica» de territorios provocó el recelo de los españoles, que comenzaron a sospechar de una posible invasión encubierta de Napoleón. A su vez, no ayudaron a calmar las cosas las intrigas políticas de Napoleón -que pretendía conseguir el trono español- y la entrada del mariscal francés Joaquín Murat junto a un gran ejército en Madrid.
Finalmente, la paciencia de los ciudadanos de la capital terminó por acabarse cuando observaron que Napoleón pretendía trasladar a un miembro de la familia real española fuera de Madrid. Ese mismo día, el 2 de mayo de 1808, el pueblo se levantó contra la ocupación francesa harto del «pequeño corso». Así, multitud de madrileños salieron a la calle armados con todo tipo de rudimentarias armas para combatir al ejército imperial en defensa de la libertad e independencia española.
No obstante, no tendrían el apoyo oficial del ejército español. «Los altos mandos del Ejército español dependían de la Junta de Gobierno que estaba a las órdenes de la Corona, entregada en esos momentos a la voluntad de Napoleón. Las órdenes tajantes eran colaborar con los franceses y no participar en los combates, y en aras de la disciplina los militares no se movieron de los cuarteles», afirma en declaraciones a ABC el escritor Fernando Martínez Laínez.

Daoíz y Velarde, del lado del pueblo

Por aquel entonces, la casualidad quiso que en Madrid se encontraran el capitán andaluz Luis Daoíz y el militar cántabro Pedro Velarde. El primero, de 41 años, se encontraba al mando del Parque de Artillería de Monteleón (ubicado en la actual «Plaza del dos de Mayo») y tenía a sus espaldas más de 30 años de servicio fiel a España. Por su parte, el segundo, que contaba 29 años, se había hecho un hueco en las altas esferas del Estado Mayor del Cuerpo de Artillería.
Ambos vieron en esta revolución un momento perfecto para luchar por la soberanía española. Así, y a pesar de que desde el gobierno se les había ordenado no combatir contra los franceses, decidieron ponerse de lado del pueblo que, con piedras, palos y navajas, se enfrentaba a miles de soldados franceses.
«Las fuerzas españolas eran unos 5.000 hombres, en su mayoría acuartelados fuera de la ciudad, y los franceses unos 40.000, situados en el casco urbano y alrededores (Leganés, El Pardo, Casa de Campo, Fuencarral…)», señala Laínez.

Velarde libera Monteleón

El primer paso para poder combatir y organizar una buena defensa era liberar el Parque de Artillería de Monteleón, uno de los pocos enclaves en los que los escasos militares españoles que habían decidido apoyar la rebelión podían plantar cara al ejército francés. El lugar, en cambio, estaba guardado por una unidad de 80 soldados franceses.
Para iniciar su plan, Velarde convenció a un oficial superior para que le cediera el mando de una unidad española afirmando que pretendía ayudar a los franceses que defendían Monteleón. De esta forma, le fue concedido el mando de la 3º compañía del capitán Goicoechea, según afirma el historiador Arsenio García Fuertes en su libro «Dos de Mayo de 1808. El grito de una nación». «Por la calle de San Miguel y San José (…) marchaba, a paso redoblado y arma terciada, la 3º compañía del capitán Rafael Goicoechea», determina el experto.
En su camino, la sangre de los madrileños salpicaba las calles de la capital, pues se enfrentaban a una fuerza mejor armada y preparada para el combate. «Los patriotas tuvieron que enfrentarse, casi desarmados, contra las bien equipadas unidades de infantería y caballería napoleónicas, apoyadas por cañones que barrieron a la población civil», explica por su parte Laínez.
Al llegar a Monteleón junto a su treintena de soldados, Velarde no tuvo problemas en entrar en el enclave engañando a los franceses. «El español anunció con voz firme al capitán que las tropas de infantería que traía con él estaban destinadas a reforzar la seguridad del parque. Accedió entonces el francés a que los soldados de Goicoechea franqueasen los portones», explica García en su texto.
Sin embargo, cuando sus soldados tomaron posiciones alrededor de las tropas de Napoleón, la actitud de Velarde cambió radicalmente. El español se giró hacia el oficial francés y le informó de que, o sus hombres tiraban las armas, o serían masacrados. Al galo no le quedó más remedio que capitular, pues, aunque mayor en número, su fuerza se encontraba en ese momento desprevenida.
Ya estaba hecho, los españoles habían tomado el emplazamiento arengados por los madrileños que, desde fuera, pedían que se les entregase arma para poder enfrentarse en igualdad de condiciones a los soldados imperiales. «A las puertas de Monteleón, la muchedumbre se arremolinaba. La llegada de los fusileros de Estado con Velarde había animado a todos los presentes a vitorearlos», sentencia García.

Tensión inicial entre capitanes

Tras tomar Monteleón, Velarde, que estaba exultante, pensaba encontrarse con un Daoíz dispuesto a combatir, nada más lejos de la realidad. «El siempre sereno Luis Daoíz había llegado (…) hecho una furia. Él era el oficial al mando de Monteleón y capitán con más antigüedad con Pedro Velarde. El oficial se había atribuido unos poderes y una autoridad que no le correspondían», explica el historiador.
En aquel momento, y según se cree, ambos capitanes tuvieron más que palabras ya que, mientras que Daoíz quería seguir las órdenes de no atacar a los franceses, Velarde estaba convencido de que debían unirse al pueblo. «Finalmente, Luis Daoíz se detuvo en seco, alzó la vista, se quitó el bicornio y desenvainó su sable. Se volvió hacia sus veinte artilleros y su voz sonó más alta en el patio de arena: "¡Abrid las puertas. Las armas al pueblo! ¿No son nuestros hermanos?”», destaca el experto en su libro.
Por su parte, mientras los defensores de Monteleón armaban al pueblo, las columnas francesas habían conseguido conquistar todo el centro de Madrid y se dirigían ahora hacia uno de los últimos enclaves españoles de la capital: en el que se encontraban Daoíz y Velarde.
«Daoíz representaba mentalmente sus posibilidades. Encerrado entre aquellas estrechas callejuelas, el parque carecía de defensa, su acceso estaba franco desde tres calles que confluían en su portón. Ninguna de ellas era defendible desde el interior del vasto edificio, que nunca había sido diseñado con fines militares», explica García. No obstante, y aunque su muerte era segura, prepararon las defensas para resistir contra el ejército imperial, que cada vez estaba más cerca de Monteleón.

Primeros combates contra los franceses

Los primeros combates de los defensores se realizaron contra una pequeña unidad de tiradores franceses. Estos, al acercarse al enclave español y pedir hablar con el oficial al mando, fueron recibidos a balazos. Sin embargo, esto no fue más que una pequeña escaramuza inicial, Daoíz y Velarde sabían que pronto llegaría el grueso de las tropas y era necesario posicionar a sus hombres.
Tras situar las defensas, los españoles se enfrentaron a su primer combate serio cuando una unidad francesa –originaria de Westfalia, en Alemania- se acercó a Monteleón. Lo que no sabían los asaltantes es que les esperaba una cruel sorpresa tras los portones del pequeño fuerte.
«Al tratar de descerrajar la puerta (…) un estruendo de humo y fuego llenó la calle. Varios gastadores (soldados alemanes) cayeron heridos por el fuego de los mosquetes (…). En aquel momento, un estruendo aún mayor echó las puertas abajo. Las tres piezas de artillería, desplegadas en su interior, habían abierto fuego abatiendo el portón, que cayó sobre los westfalianos», determina el escritor.
Los soldados no tuvieron tiempo de responder al fuego. Su oficial al mando sólo pudo gritar una orden: la de huída. Por su parte, los españoles aprovecharon su ventaja y persiguieron en su carrera a los enemigos gritando consignas contra los soldados imperiales y alabanzas en favor del rey Fernando.
«Daoíz aprovechó la retirada de los franceses para ordenar derribar lo que quedaba de los portones. Dos cañones fueron emplazados hacia la calle San Bernardo; otros dos, hacia Fuencarral, y el que quedaba hacia la calle de San Pedro Nueva», explica García en el texto.

¿El asalto definitivo?

Esta victoria, sin embargo, fue efímera, pues, al fin, los franceses hicieron su aparición delante de Monteleón. A partir de ese momento, su estrategia fue clara: coser a cañonazos a la artillería española. Su intención era doble, por un lado, pretendían acabar con los civiles y militares que manejaban los cañones, por otro, querían hacer que los españoles gastaran toda su munición. Desgraciadamente la táctica imperial fue efectiva, pues los madrileños sufrieron grandes bajas.
Finalmente, las tropas francesas se decidieron a asaltar Monteleón con la bayoneta de sus fusiles calada. «Con el frente de 5 hombres (…) el 1º batallón del 4º provisional (francés) se lanzó hacia Monteleón», determina el experto en su obra. Los españoles, desesperados, lanzaron una descarga de artillería causando grandes bajas en sus enemigos, pero no consiguieron medrar su ánimo. El final estaba cerca.

Un golpe de suerte

No obstante, cuando los defensores casi podían sentir el frío acero de los cuchillos franceses, un milagro se sucedió en el campo de batalla. A lo lejos, y de forma totalmente repentina, apareció un oficial local portando una bandera blanca. Los franceses detuvieron su carga al instante, al igual que los españoles, que dejaron sus puestos de fuego.
El oficial, casi sin respiración, desmontó y se dirigió hacia Velarde. Designado por la Junta de Gobierno, instó a voz en grito a que los defensores abandonaran su propósito y se rindieran. «El capitán francés que quedó al mando de la columna oía discutir a los dos oficiales españoles. Ordenó a sus hombres que comenzaran a avanzar a pequeños pasos hacia la batería española. Había que acortar distancia con o sin tregua», determina García.
La conversación no duró mucho, pues uno de los defensores se interpuso entre ambos oficiales gritando vítores a favor de Fernando VII. La reacción fue inmediata: los españoles dispararon sus cañones y sus fusiles a quemarropa sobre los franceses, quienes estaban con la guardia baja esperando a que los oficiales acabaran de parlamentar
«La inesperada descarga barrió la cabeza de la compañía francesa (…), la mayoría de ellos arrojó entonces sus fusiles al suelo y levantaron los brazos en señal de rendición», explica el experto en su obra. La picaresca española había conseguido ganar una batalla, no obstante, los franceses no cometerían nuevamente este error.
Tras detener el último ataque, los militares hicieron un recuento de los supervivientes. «Daoíz y Velarde (…) repasaron las fuerzas que les restaban. Apenas quedaban diez artilleros entre mandos y soldados. Otra veintena larga de infantes Voluntarios de Estado y medio centenar de civiles seguían peleando con ellos», explica el escritor. Además, sólo quedaban media docena de cargas por pieza de artillería, por lo que Velarde decidió usar las afiladas piedras de sílex de los mosquetes como metralla.
Las cosas pintaban realmente feas, sin casi combatientes ni munición los españoles sólo podían esperar la hora de su muerte. Por su parte, los franceses habían tomado casi la totalidad de Madrid, por lo que sólo era cuestión de tiempo que acabaran venciendo las defensas de Monteleón.

Murat, decido a conquistar Monteleón

Este pequeño enclave ya había hecho perder la paciencia a Murat, que no entendía como unos pocos soldados y unos centenares de civiles podían contrarrestar la fuerza de su ejército imperial. Por ello, ordenó asaltar Monteleón desde todas las calles posibles. «Los minutos pasaban con gran lentitud. Más de dos mil franceses preparaban su tercer asalto. Menos de cien españoles los esperaban sin intención de rendirse», sentencia García.
«El ataque, como había ordenado Murat, fue simultáneo desde las calles de San Miguel, San José y San Pedro Nueva. Las tres columnas, con las compañías de granaderos a su cabeza, aparecieron como una negra sombra erizada de bayonetas destellantes», destaca el autor.

Dos heroicas muertes

El asalto definitivo asoló a los españoles, que se vieron superados por una fuerza 30 veces mayor. A su vez, el fuego de algunas unidades de tiradores franceses situados en balcones y casas hizo bajar rápidamente el número de defensores. En el fragor de la batalla, y como explica en este caso Benito Pérez Galdós en uno de sus «Episodios Nacionales», «Daoíz fue alcanzado por la espalda con una bayoneta y posteriormente acribillado a estocadas». El valiente capitán había defendido hasta su último aliento Monteleón, pero todo su valor no había conseguido detener a los franceses.
«Ochocientos franceses confluyeron en las puertas de Monteleón desde sus tres costados, barriendo a los últimos cincuenta defensores a bayonetazos y con un fuego devastador y a quemarropa», añade García.
Por su parte, Velarde cayó cuando acudía junto a varios fusileros a reforzar una de las entradas. Un oficial polaco le disparó a quemarropa en el corazón haciendo que su cuerpo cayera con violencia en el suelo. Todo había acabado.
«El cuerpo de Daoíz fue trasladado a su casa, y el de Velarde fue profanado por el enemigo hasta que horas más tarde fue recogido y trasladado primero al cuartel y posteriormente a la iglesia de San Martín, donde fue amortajado con un hábito de San Francisco; al día siguiente, fue enterrado en el lugar denominado El Jardinillo, dentro del templo, junto a Daoíz», determina en este caso Galdós. Ambos acabaron como empezaron, juntos.

3 Preguntas a Fernando Martínez Laínez

EL OTRO HÉROE DEL 2 DE MAYO JACINTO RUIZ MENDOZA

JACINTO RUIZ MENDOZA EL OTRO HÉROE DEL 2 DE MAYO
 JACINTO RUIZ MENDOZA HISTORIA 2 DE MAYO
         
 El 2 de mayo de 1808 cientos de héroes anónimos, hombres y mujeres de todas las condiciones se levantaron ante el invasor francés en defensa de su patria y su rey. Solo algunos pasaron a los libros de historia, entre estos todos, recordamos a los oficiales de artillería Daoiz y Velarde pero muy pocos fuera del ejército conocemos la figura del Teniente de Infantería Jacinto Ruiz Mendoza.

         Nuestro protagonista nació el 16 de agosto de 1776 en la ciudad de Ceuta en una familia castrense y de raigambre ceutí, hijo del subteniente de infantería Antonio Ruiz y de Josefa Mendoza. Desde niño sintió la llamada de las armas y a los dieciséis años se alistó como cadete del Regimiento Fijo de Ceuta donde durante 5 años se formó como oficial. En 1800 fue ascendido a segundo subteniente y destinado una vez superada las prácticas a Madrid al Regimiento de Voluntarios del Estado. En ella permaneció después de su ascenso a teniente el 12 de marzo de 1807 exactamente en la tercera compañía de del segundo batallón sin participar en ninguna acción militar hasta el 2 de mayo...

         Ese histórico día aquejado de fiebres se encontraba en su cama cuando oyó los disparos de fusilería y pese a su estado se vistió su uniforme y se dirigió a la calle de San Bernardo donde se encontraba su cuartel, por cierto muy cerca del de artillería. El superior del regimiento, el coronel a petición del capitán de artillería Velarde que le solicitó refuerzos envió pese a las reticencias iniciales a la compañía de Jacinto.

 
JACINTO RUIZ MENDOZA HISTORIA 2 DE MAYO        Los franceses una vez enterados del levantamiento en el parque de artillería enviaron un contingente de la División Lefranc  unos 2.000 hombres para tomarlo. Los españoles sacaron dos piezas de artillería al exterior dejando varias piezas en el interior de forma escalonada para el caso de repliegue.  Comenzado el ataque francés es herido Jacinto en el brazo izquierdo, tras ser asistido por José Pachecoun guardia de corps vuelve a primera línea de combate. Dirigiendo la defensa y ordenando el fuego de las dos piezas de artillería. La situación se volvía insoportable para los patriotas por lo que el propio Daoiz, herido en una pierna, decide negociar con los franceses. El oficial francés que entro a negociar trato vejatoriamente al oficial español mientras que observo la escases de tropas que quedaban en el interior por lo que una vez rota la negociación decidió atacar. En el último ataque  mueren los dos oficiales de artillería mientras Jacinto resistía en el patio interior con los últimos hombres y mujeres, ya que estas tuvieron  un gran papel en todo el levantamiento suministrando armas e incluso luchando. Escasos de munición y extenuados resistían a las órdenes del ceutí, que ensangrentado corría de un lado a otro del último baluarte  motivando a los últimos héroes hasta que un segundo tiro le hirió en la espalda quedando inconsciente. Su superior el capitán Goicochea apenas rasguñado decide rendirse nada más caer su subalterno como si fuera este el oficial al mando, cobardía o sentido común quien sabe.   

      La tercera compañía a las órdenes del capitán Goicochea y conJacinto como oficial subalterno y un contingente de solo 38 hombres. Una vez en el cuartel de artillería engañaron a los franceses que controlaban el cuartel con la excusa de que iban a vigilar unos objetos valiosos. Al llegar a la puerta del parque los oficiales se adentran dejando a la compañía en el exterior. Dentro tras notificar su llegada se puso a las órdenes de los oficiales Daoiz y Velarde que alentados por la llegada de estos refuerzos escasos pero patriotas y deseosos de luchar  abrieron las puertas al pueblo de Madrid y detuvieron a los franceses que guardaban el exterior.

         Tras cinco horas de resistencia heroica de un puñado de españoles los franceses toman el parque de artillería. Mezclado entre la pila de muertos nuestro héroe permanece inconsciente. Un médico galo le hizo las primeras curas pero debido a su gravedad no fue apresado ya que creían que iba a morir. Fue llevado  a casa de María Paula Variano donde fue atendido por el doctor José Rives, sin  recuperarse de sus heridas por miedo de ser capturado decide salir de la capital para unirse a las tropas sublevadas.
JACINTO RUIZ MENDOZA HISTORIA 2 DE MAYO
Iglesia de San Martin en Trujillo
         Tras un duro viaje con las heridas abiertas llegó a Badajoz donde se le concedió el “grado” de teniente coronel de la Guardia Walona, pero su empleo, es decir, su verdadero rango era el de teniente. Destinado a Trujillo aún convaleciente de sus heridas se dio cuenta de que la muerte estaba cerca, otorgó testamento el 11 de marzo llegándole la muerte 2 días más tarde. Nuestro héroe murió a los 29 años y fue enterrado el día 14 en la iglesia de San Martín de la ciudad extremeña.

         Su nombre parecía que se había difuminado en la niebla de la historia pero el cuerpo de infantería logra resucitar su recuerdo gracias aPedro Berenguer José Ibáñez Martin. La regente María Cristina  a petición del Ministro de GuerraManuel Casola ordena en 1888 erigir una escultura en su recuerdo en la plaza del Rey. La encomienda la recibe Mariano Benlliure, el mejor escultor militar para mi gusto del siglo XIX. La obra de 2,60 metros de bronce, fundido por Crescenzi en Roma, representando al teniente con el sable en la mano ordenando a sus hombres avanzar. Para la realización del rostro el artista se basa en un retrato familiar tanto para la cabeza de la estatua como para la peana. La misma está compuesta por tres granitos diferentes, en gris italiano y en los costados de  negro veteado en blanco de Bilbao y rojo de Sigüenza. Además dos bajorrelieves con escenas de los combates enmarcados entre dos cañones en los laterales y su nombre en el frontal mientras que la trasera la dedicatoria por parte del ejército.

         

Por Real Decreto de 29 de abril de 1891, signado por S.M. La Reina Doña María Cristina, se dispone: Que el teniente de infantería D. JACINTO RUIZ MENDOZA, mártir de la Independencia, fallecido en Trujillo el día 13 de Marzo de 1809, pase “Revista de Comisario” a perpetuidad, en la 1ª Compañía del Primer Batallón, del Regimiento de Infantería “INMEMORIAL DEL REY” nº1, y al ser llamado por el Comisario en dicho acto, el Jefe del Batallón responderá “¡Cómo Presente! Muerto gloriosamente por la libertad de la Patria a consecuencia de las heridas que recibió en Madrid el 2 de mayo de 1808”.
En el centenario de su muerte sus restos fueron trasladados a Madrid con todos los honores militares, desde Atocha fue llevado en un armón de artillería hasta el Monumento a los Caídos por España donde fue incinerado. Sus cenizas fueron introducidas en tres urnas, la primera fue guardada en el monumento junto a las de Daoniz y Velarde bajo tres llaves, una la tiene el ayuntamiento, otra el Museo de Infantería y la última las Cortes. Las otras  están el Museo de la Legión de Ceuta y en el de la Coruña en las dos puntas de la nación por la que dio su vida.
Monumento a los Caídos por España
Fuentes:
-         Rutas con historia
-         Asasve
-         Aprendiendo con las imágenes
-         Wikicommons


 JACINTO RUIZ MENDOZA HISTORIA 2 DE MAYO




“Jacinto Ruiz Mendoza el otro héroe del 2 de Mayo” Francisco García Campa – Bellumartis Historia Militar 

Dedicatoria del ejercito a su héroe

BELLUMARTIS HISTORIA

lunes, 2 de mayo de 2016

NO COMMENT..!!


2 DE MAYO 1808 MADRID

EL 2 DE MAYO LA INSURRECCIÓN DE MADRID: MANUELA MALASAÑA LA MUJER QUE CON 17 AÑOS PLATÓ CARA AL EJÉRCITO DE NAPOLEÓN

Malasaña y su hija batiéndose contra los franceses, por Eugenio Álvarez Dumont - ABC

«A los héroes populares que el 2 de mayo de 1808 auxiliaron a los soldados de los inmortales Daoíz y Velarde, pelearon aquí por la independencia de la Patria contra las fuerzas de Napoleón». Así reza desde 1908 la placa de la iglesia de las Maravillas que honra la memoria de los madrileños que defendieron con su vida a Madrid. En ese mismo lugar, a metros de la plaza del Dos de Mayo, una joven llamada Manuela Malesange Oñoro fue fusilada en pleno levantamiento por rebelarse contra los franceses. Pero, ¿quién era y qué hizo la adolescente para ser asesinada y convertirse en heroína?
Manuela tenía 17 años en 1808 y era hija de un panadero nacido en Vallecas y de origen francés, Jean Malesange, a quien los castizos vecinos del barrio de Maravillas cambiaron su apellido por «Malasaña». Jean tenía su tahona en la calle Divino Pastor, a pocos metros del cuartel de Monteleón donde Luis Daoíz y Pedro Velarde, resistieron heroicamente con sus cañones contra miles de invasores franceses. A pesar de su origen galo, el panadero como otros tantos héroes anónimos, acudieron aquel dos de mayo a auxiliar al pequeño batallón de artillería que plantó cara a los soldados de Napoleón.
Su hija era Manuela, costurera en un taller de modistas. Vivía con sus padres en el cuarto piso del número 18 de la calle de San Andrés. Su muerte, convertida en mito y revestida de ciertas leyendas, tiene varias versiones. La más extendida y popular es que «Manolita» fue obligada a permanecer en el taller en el que trabajaba mientras los hombres y las mujeres del barrio luchaban contra los franceses. Cuando cesaron los disparos, mientras regresaba a su casa, una patrulla de soldados galos la interceptaron.

Una tijeras entre la ropa

El relato popular asegura que intentaron abusar de ella y que Manuela se defendió del ultraje usando sus tijeras. Otra versión apunta a que, tras descubrir que ocultaba unas tijeras entre su ropa, fue acusada de portar un arma. Sea como fuere, fue ejecutada por la tarde en la plaza que hoy lleva el nombre de Dos de Mayo.
Otros historiadores sitúan a Manuela Malasaña en pleno combate al lado de sus padres, que desde el balcón de su casa defendían a trabucazos las puertas del parque de artillería de Monteleón. Dicen que Manuela murió de un disparo y que su padre resistió hasta descargar sobre los invasores el último gramo de pólvora. La trágica muerte de una joven costurera a manos de los invasores dejó una huella inmortal en los vecinos del barrio de Maravillas.
Manuela Malasaña consta en los registros de la época como la víctima número 74 de las 409 que fallecieron en el levantamiento popular. Fue enterrada en el hospital de la Buena Dicha, convertida en iglesia posteriormente, en la que también yacen los restos de la también heroína Clara del Rey. Ésta murió por la metralla de una bala de cañón que le alcanzó en la frente mientras animaba y ayudaba a los defensores junto a su marido y tres hijos.
ABC