Si la Historia Militar o de las Fuerzas de Seguridad, te apasiona. Si la Militaría es tu afición. Si quieres conocer la Historia, sin valorar ideas ni convicciones políticas, sin tendencias, sin manipulaciones. La Historia Militar, sólo la vivida por sus principales protagonistas, los SOLDADOS que la han padecido.



¡Seguro que te gustará este Blog!


sábado, 16 de julio de 2011

MI PADRE NUNCA SE METIÓ EN POLITICA SÓLO LE INTERESABA EL EJERCITO





F.Gómez de Salazar

«Mi padre nunca se metió en política, lo suyo era el Ejército»

«18 de julio de 1936. El día que España se dividió en dos...», Federico Gómez de Salazar se queda pensativo. Sí, su nombre resulta más que familiar, pero en este caso habla su hijo. El hijo del conocido teniente general, el último gobernador español en el Sáhara, la cabeza del Consejo de guerra a los golpistas del 23-F. Eso sí, en esta ocasión echa la mirada décadas atrás para hablarnos del teniente que acompañó en África a Franco los primeros días del Alzamiento y que continuó con su misión en la zona del Ebro. «Las ideas de mi padre estaban muy claras: Nunca se metió en política, lo suyo era el Ejército. Al morir Franco se enfundó el brazalete negro y cuando llegó Juan Carlos se puso a trabajar con toda normalidad. Mi padre era un militar, aceptó su mundo y sus normas. Intentó cumplir la ley en cada una de las épocas que le tocó vivir».

Federico Gómez de Salazar Girón —su madre era María Jesús, hija de Girón, ministro de Franco— nació en el año 54 y aunque conoce milimétricamente la historia de su padre (Toledo, 1912 - Madrid, 2006), cuenta que nunca le gustó mirar al pasado ni hablar de él. «Estuvo en tres frentes [también formó parte de la División Azul], pero nunca fue un hombre que impusiera ideas, dejaba libertad de opinión. Y si algo me produce emoción es saber que mi padre nunca dijo: 'Fuego'. Nunca ordenó una ejecución».

Recibió la Medalla Militar Individual por su actuación en la zona del Ebro, más concretamente en un sitio conocido como la Codoñera. «Allí estuvo un tiempo junto a un pequeño grupo defendiendo una cima, en ella cayeron muchos. Luego llegaron los demás». Federico recuerda el rosario de heridas de su padre, «ni más ni menos que el de los demás», y explica que «pasó hambre, aunque nada comparado al resto. Tenían cartilla de racionamiento, pero comían en comedores militares». Algo de lo que Federico fue testigo con los años, y sobre lo que reflexiona, son las amistades que nacen durante la contienda. «Cuando te juegas la vida se te olvida el grado, no existe. En la guerra nace una hermandad inexplicable. Y es que quien tienes a tu lado puede morir al día siguiente».

Sobre la batalla en sí, poco más que añadir. «A mi padre no le gustaba hablar de este tema. Él sabía en todo momento que hacía lo correcto. Le tocó estar en África con el Alzamiento Nacional y allí estuvo, con las tropas africanas que se unieron al cuerpo del Ejército creado por Franco». En medio de su relato, Federico analiza la guerra: «Yo creo que había un descontento en la población, pero Franco pudo haber buscado otra solución, haber acordado algo con Negrín y así no habríamos enterrado a tanta gente». Con respecto a la estrategia militar del caudillo, «para mí hubo un error [militarmente hablando], y ése fue la toma del Peñón de Gibraltar». El teniente Gómez de Salazar ya no estaba allí cuando dieron ese paso.

Sus padres se casaron en plena guerra, en territorio nacional «y con anillos de plata. El oro estaba destinado a comprar material para la batalla». De su madre, María Jesús Girón, cuenta poco: «Era 'señora de' y sufrió mucho en silencio. España ha cambiado mucho en muy pocos años. Mi madre vivió en ese mundo donde el hombre dominaba».

Su familia también conoció la cara más amarga de la contienda. Su tío también combatió, su destino: el Alcázar de Toledo. No corrió la misma suerte que su padre y allí está enterrado. Al llegar a este tema, Federico se pone serio y arremete contra Zapatero: «El rojo y el azul ya sólo eran colores, ahora los han vuelto a poner de moda. Me pone de los nervios el tema de la Memoria Histórica. Hay que recordar que en esa memoria también entra el otro bando. Hay un sitio en Toledo, la Puerta del Cambrón, que yo la llamo 'la puerta del cabrón' porque gran parte de mi familia está ahí abajo muerta. ¿Qué pasa¿ ¿Van a coger y levantar el barrio? ¿Lo van a levantar en busca de cadáveres para identificarlos y darles sepultura? Devuélveles la dignidad y punto».

Una vez finalizada la Guerra Civil, le tocó Rusia. «Yo tengo una medallita que dice que soy hijo de divisionario. No me gusta. Eso es separar y no sé si algún día la encontraré. Mi padre sufrió mucho por entonces». Regresando a la posguerra, vivieron en un acuartelamiento del Estado Mayor en Madrid, su padre estuvo de comandante. «Se bañaba en la piscina, practicaba hípica, golf... hasta que lo destinaron al cuerpo diplomático. Yo tenía seis años cuando se convirtió en agregado militar en Turquía, Siria, Grecia, Egipto, y nos fuimos de la capital. Tuve la suerte de conocer un mundo exterior muy divertido. Hice mi primera comunión en el Monte de los Olivos». Como anécdota cuenta que en muchas ocasiones tenían que visitar las embajadas de países del sector comunista, y «allí estábamos, tan tranquilos».

«Yo he sido hijo de un teniente general, todas mis relaciones eran como 'hijo de', pero mi vida era exactamente igual que la de mis compañeros. Yo estoy feliz de ser hijo de Federico Gómez de Salazar, de mi padre hablará la Historia».

No hay comentarios: