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jueves, 21 de julio de 2011

EL DESASTRE DE ANNUAL, GUERRA DE MARRUECOS 1921

El 22 de julio de 1921 tuvo lugar el Desastre de Annual, una grave derrota militar española ante los rifeños comandados por Abd el-Krim, que supuso una redefinición de la política colonial de España en la Guerra del Rif. Esta es su Historia: El 12 de febrero de 1920 el general Manuel Fernández Silvestre tomo posesión del cargo de Comandante General de Melilla. Con la idea de llegar hasta la bahía de Alhucemas, centro de operaciones de las tribus rifeñas mas belicosas, en enero de 1921 empezó el avance para acabar con la resistencia existente. La empresa era arriesgada, ya que los soldados españoles, en su mayoría procedentes de reclutas forzosas, estaban poco entrenados, mal pagados y alimentados, pesimamente armados y peor calzados (abarcas y alpargatas), se desmoralizaban enseguida y tenían verdadero pavor a los rifeños. Sin embargo, entre mayo de 1920 y junio de 1921 Silvestre protagonizo un espectacular progreso: avanzo 130 kilómetros sobre el Rif en un total de 24 operaciones, estableciendo 46 nuevas posiciones sin apenas sufrir bajas. Todos en España creían que por fin se alcanzaría la bahía de Alhucemas y finalizaría la sangría de Marruecos. Pero tal ilusión pronto se derrumbo de manera cruenta. Silvestre había cometido el error al extender mucho mas de lo prudente sus líneas de abastecimiento. Las fuerzas de Melilla se distribuyeron entre nada menos que 144 puestos y pequeños fuertes o blocaos, a lo largo de 130 kilómetros de zona ocupada. Los blocaos se situaban siempre aprovechando los lugares altos, pero pesar de que desde estas posiciones se podían dominar amplias zonas, normalmente no había agua, lo que obligaba a ir por ella con reatas de mulas a diario. La distancia entre estos blocaos era variable, de 20 a 40 kilómetros según el terreno, y con fuerzas tan repartidas no era posible hacer frente de manera eficiente a un ataque enemigo. Las condiciones de los soldados, ya de por si malas, eran pésimas en los blocaos. Los suministros escaseaban, durante el día hacía mucho calor y por la noche mucho frio. Las ratas y los piojos eran habituales en fortificaciones y campamentos. Así las cosas, en mayo de 1921, el grueso del ejército español estaba en el campamento base instalado en la localidad de Annual. Desde allí Silvestre esperaba realizar el avance final sobre Alhucemas. Hasta este punto apenas se había disparado un solo tiro, aunque se guardaban las distancias con las tribus hostiles, y en las pequeñas escaramuzas que se producían apenas si hubo algunas bajas. A finales de mayo, Silvestre estableció una posición en el la posición costera Sidi Dris, a la que llego la madrugada del 2 de julio. Sidi Dris fue asaltada durante 24 horas, siendo rechazados por la defensa realizada por el comandante Julio Benítez Benítez, que tuvo 10 heridos, por 100 rifeños muertos. A pesar del fracaso de Sidi Dris, los rifeños adivinaron la vulnerabilidad de los españoles. Abd el-Krim no dudo en exhibir los cañones y el material tomados, convenciendo a los rifeños que unidos podrían derrotar a Silvestre y obtener un gran botín, de modo que en pocos días los efectivos de su harka pasaron de 3.000 a 11.000 hombres. Silvestre, creyendo que se trataba de una acción aislada, no adopto ninguna medida, simplemente solicitarle a su superior, el Alto Comisario Berenguer, refuerzos, municiones, víveres y dinero para comprar a los rifeños antes de iniciar la ofensiva final. LA CAIDA DE ANNUAL Tras estos sucesos se concentraron alrededor del campamento de Annual gran cantidad de fuerzas enemigas, mientras que la moral del ejército español caía por los suelos. Al comenzar el asedio había unos 3.100 hombres presentes. Al cabo de dos dias se incorporaron 1.000 mas, y dos días después llegaron otros 900 de refuerzo. Así pues, el 22 de julio Annual acogía a unos 5.000 hombres (3.000 españoles y 2.000 indígenas), con una fuerza de combate de 3 batallones y 18 compañías de infantería, 3 escuadrones de caballería y 5 baterías de artillería. Sobre ellos iban a lanzarse unos 18.000 rifeños al mando de Abd el-Krim. El campamento de Annual disponía de víveres para 4 días y municiones para un día de combate, pero carecía de reservas de agua. El general Silvestre, consciente de la imposibilidad de defender la posición, acordó la evacuación del campamento. Sin embargo, a las 3:45 del día 22 llego un mensaje de radio del Alto Comisario Berenguer, prometiendo la llegada de refuerzos desde Tetuán. Una hora mas tarde el general Silvestre comunico de nuevo a Berenguer y al Ministro de la Guerra su desesperada situación y su decisión de tomar urgentes determinaciones. Al rayar el alba tuvo lugar una segunda reunión de oficiales, en la que Silvestre dudo entre la evacuación inmediata y la espera de la llegada de refuerzos. Las dudas se despejaron cuando se tuvieron noticias del avance de tres columnas rifeñas de unos 2.000 hombres cada una. Ante esta información, el general ordeno evacuar, anunciando su intención de replegarse al fuerte de Dar-Drius, posición que reunía características para albergar gran cantidad de tropa y con el abastecimiento de agua muy fácil. La retirada, cuidadosamente planificada, comenzó a las 11:00 horas: había dos convoyes, uno para retirar los mulos con la impedimenta, y otro para el grueso de la tropa, los heridos y el armamento pesado. Pero para entonces las alturas que dominaban los caminos de huida ya habían sido tomadas por los rifeños. La gran mayoría de los policías indígenas que las defendían se pasaron al enemigo, matando a sus oficiales españoles. De modo que cuando las tropas españolas abandonaron el campamento comenzó el caos: los dos convoyes de evacuación de mezclaron sin ningún tipo de orden. En medio de la confusión, los oficiales perdieron el control de la situación. Sin nadie que cubriera su retirada, los hombres trataron de ponerse a cubierto de las balas corriendo hacia delante. Los carros, el material y los heridos comenzaron a ser abandonados; muchos oficiales escaparon ajenos a su deber, y la retirada ordenada no tardo en convertirse en una desbandada general bajo el fuego de los rifeños. Algunos oficiales y unidades mantuvieron la calma y lograron ponerse a salvo con un relativo pequeño número de bajas; pero en su inmensa mayoría los soldados salieron a la carrera y en completo desorden. El desastre pudo haber sido mayor si los Regulares al mando del comandante Llamas no hubiesen resistido en las alturas. Ello dio tiempo a los huidos para pasar por el angosto paso de Izumar, evitando así una muerte segura a manos de los rifeños. Los Regulares se replegaron en paralelo a la carretera, sin mezclarse con la riada de soldados en fuga. Silvestre, que aun estaba en el campamento cuando comenzó el desastre, murió en circunstancias no esclarecidas, y sus restos no fueron nunca encontrados. Mientras una versión dice que, al ver el desastre, fue a su tienda de campaña y se voló la cabeza, otra versión dice que fue abatido a tiros por los rifeños junto con varios oficiales que trataban de defenderse. En las cuatro horas aproximadas que duro el desastre murieron un total aproximado de 2.500 hombres españoles, a los que hay que sumar otros 1.500 ubicados en otras posiciones intermedias. Quedaron 492 prisioneros españoles de los que sobrevivieron 326 , siendo liberados en 1923 tras las negociaciones llevadas a cabo con Abd el-Krim por parte de Horacio Echevarrieta, a cambio de 80.000 duros de plata (4 millones de pesetas de entonces). MONTE ARRUIT Las pocas fuerzas que pudieron salir vivas, bajo el mando del general Navarro, segundo jefe de la Comandancia de Melilla, retrocedieron hasta Dar Druis, posición bien fortificada y con agua disponible. En la marcha, se produjo una nueva huida de oficiales, seguida de la estampida de sus tropas. En esta ocasión el Regimiento Alcántara, mandado por teniente coronel Fernando Primo de Rivera, hermano del futuro dictador, salvo lo que quedaba del ejercito con una serie de cargas, al precio de un 80 por ciento de bajas. Luego, tras seis días de agotadora marcha, alcanzaron el campamento de Monte Arruit, una posición mas difícil de defender pero mas fácil de socorrer que Dar-Drius. Aquí, los 3.017 hombres de Navarro intentarían recomponerse, pero pronto fue también cercado y cortados sus suministros. En Monte Arruit lucharon los 3.000 soldados. Sin agua, resistieron el asedio durante 12 días. La sed torturo a los sitiados, primero bebieron el jugo de las latas de conserva, después la tinta de los escribientes, y finalmente la propia orina en la que disolvían azúcar y refrescaban al relente de la noche. Navarro desistió de intentar una huida desesperada hacia Melilla, negándose a abandonar a sus heridos. Al agotamiento físico había que sumar la desmoralización de la tropa y la carencia de agua. El 31 de julio una granada destrozo el brazo de Primo de Rivera, que fue operado sin anestesia, y murió el 5 de agosto de la gangrena. Vistas las condiciones, el general Berenguer, Alto Comisario de España en el protectorado, autorizo la rendición formal el 9 de agosto. Los españoles salieron de la posición y amontonaron sus armas. Los heridos y enfermos comenzaron a alinearse en la puerta del fuerte preparándose para la evacuación. Pero cuando se dio la orden de partir, los rifeños atacaron a los indefensos españoles. Sobrevivieron solo 60 hombres de los 3.000 que se refugiaron allí, y salvo la vida el general Navarro de casualidad. Sus cadáveres aguardarían a la intemperie hasta la reconquista de la posición 4 años mas tarde. Solo quedaban los esqueletos insepultos, expuestos a las alimañas y al tórrido clima de la zona. Los supervivientes fueron canjeados tiempo después. Pronto corrió la noticia de la victoria rifeña, y tanto las cabilas como parte de las fuerzas marroquíes al servicio de España se sumaron a la guerra proclamada por Abd el-Krim. Ninguna ayuda llego desde Melilla, situada a 40 Km., y así las pocas unidades de los blocaos indemnes se vieron obligadas a retirarse bajo el constante acoso enemigo hasta Melilla. Se produjo así una espantosa retirada en la que los rifeños asesinaron y torturaron a los heridos, enfermos y a la población civil dejada atrás. Tan terrible derrota se saldo, según el expediente Picasso con 13.363 muertos (10.973 españoles y 2.390 indígenas), por solo 1.000 rifeños. No obstante, las cifras seguramente fueron inferiores, ya que los registros eran a menudo hinchados para cobrar mas soldadas y recibir mas suministros. Había tanto muerto que se decía que, del segundo día en adelante, “ los buitres solo comían de comandante para arriba”. A las pérdidas humanas se añadían las de material militar (20.000 fusiles, 400 ametralladoras, 129 cañones, aparte de municiones y pertrechos) y la destrucción de las infraestructuras (líneas férreas y telegráficas, hospitales, escuelas, cultivos, etc.) construidas con el dinero y el esfuerzo español a lo largo de 12 años. El desastre de Annual provoco una terrible crisis política. El gobierno se vio obligado a dimitir, y en agosto de 1921 y el ministro de la Guerra ordeno al general Juan Picasso elaborar un informe conocido como Expediente Picasso, en el que, a pesar de diversas acciones obstructiva, se señalaban múltiples errores militares, calificando de negligente la actuación de los generales Berenguer (Alto Comisario) y Navarro (2º Jefe de la Comandancia General de Melilla) y de temeraria la del general Silvestre. Con respecto al Rif, Abd el-Krim extendió su dominio por todo el protectorado español, creando la Republica islámica del Rif, que llego en 1924 a la cumbre de su poder. Sin embargo, su éxito y sus ataques al Marruecos francés determinaron el giro de la política de Primo de Rivera, hasta entonces,pasiva y de contención, frente al problema del Rif. España se entendió con Francia para hacer frente común a los rifeños, y paso a la ofensiva. Con el éxito rotundo de Desembarco de Alhucemas, Primo de Rivera obtuvo una posición fuerte que le permitió pacificar la zona en menos de un año y restituir la autoridad española en el Protectorado. En 1949 se ordeno el traslado de la fosa donde descansaban los restos de los caídos en Monte Arruit, al Panteón de Héroes de Melilla. En la fosa señalada con una gran cruz aparecieron 2.996 cráneos, 897 chapas y emblemas de diferentes unidades, 11 monedas de plata, 6 de cobre, 43 hebillas, 117 botones, un lápiz, un reloj de bolsillo de plata, 2 alianzas de oro, 2 pares de gemelos de camisa. Todo fue inventariado y depositado en un arcón de hierro. Los restos de los 3.000 de Monte Arruit desfilaron dentro de 16 urnas por la avenida de Alfonso XIII, mientras la guarnición militar presentaba armas y los ciudadanos melillenses les ofrecían su último homenaje.
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