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jueves, 26 de febrero de 2015

LA CUATRO BATALLAS DE MONTECASSINO

Cuatro batallas fueron necesarias para desalojar a los alemanes de Montecassino

Día 02/08/2014 - 04.14h

Se trataba de un enclave crucial porque dominaba la única ruta posible hacia Roma. La fuerte resistencia alemana así como las condiciones orográficas y climatológicas no se lo pusieron fácil a los aliados

Entre enero y mayo de 1944, alia­dos y alemanes se enfrentaron en una serie de combates libra­dos en torno a la localidad de Cassi­no y la abadía benedictina de Montecassino, el eje sobre el cual se articula­ban las fortificaciones de la Línea Gus­tav, extendida desde la población de Ortona en el Adriático hasta la desem­bocadura del Garigliano en el Tirre­no.
 
La posición de Montecassino era crucial ya que dominaba por comple­to la única ruta posible a través del va­lle del Liri hacia Roma. Por otra parte, la orografía de la zona resultaba espe­cialmente apta para librar un comba­te defensivo. En la parte montañosa el terreno era abrupto y rocoso, lo que provocaba que las tropas atacantes su­friesen una continua pesadilla logísti­ca y que no pudiesen ni siquiera cavar para obtener una protección frente al fuego de los bien atrincherados ale­manes.
A todo ello se sumaban las pe­nosas condiciones climatológicas del invierno italiano, que hicieron la lu­cha más dura y agotadora si cabe. En el llano, los numerosos cursos de agua —Rápido, Garigliano, etcétera…—, unido al embarramiento del terreno producido por las lluvias y nieves invernales, no ofrecían una perspectiva mejor.

Unidades de élite

Los intensos com­bates urbanos que se libraron entre las ruinas de la localidad de Cassino, convertida cada casa y edificio en una fortificación en sí misma, añadieron más enconamiento si cabe a la lucha.
 
En ambos bandos había gran profu­sión de unidades de élite: Ghurkas y Sijs hindúes y Goumiers del norte de África, especialistas en la lucha en montaña; la 2ª División neozelandesa, considerada una de las mejores uni­dades de infantería de todo el ejército aliado, y las fuerzas del cuerpo polaco del general Anders, con un adiestra­miento y motivación por encima de la media. Por parte germana, sin duda, destacaba la presencia de los «Diablos Verdes», los FallschirmjŠger (paracai­distas) de la 1ª División Paracaidista, amén de otras unidades legendarias como las reconstruidas 90ª División Ligera y la 29ª «Halcón» División.
 
Cuatro intensas batallas libraron ambos contendientes. El primer in­tento (enero de 1944) vio como, a pesar del moderado éxito del Cuerpo Expe­dicionario Francés y del X Cuerpo Bri­tánico en el cruce de los ríos Rápido y Garigliano, el ataque principal esta­dounidense era detenido en torno a Montecassino. Posteriores intentos de continuar el ataque tampoco tuvieron éxito.
 
En la segunda batalla (febrero), neozelandeses e hindúes fueron frena­dos por la tenaz resistencia alemana. El mismo destino sufriría la tercera ofensiva (marzo), con los mismos acto­res y en medio de la creciente polémica por el inmisericorde bombardeo de la abadía y la ciudad de Cassino, que no sólo resultó inútil, sino que favoreció a los defensores al haber mutado los escombros en auténtica fortaleza para los ocupantes alemanes.

Operación «Diadem»

También había fracasado el intento de flanqueo de la Línea Gustav por medio de los desembarcos de Anzio-Nettuno. Sus objetivos —restar fuerzas a los defen­sores de Cassino y solventar el estan­camiento del frente— no sólo no se habían alcanzado, sino que las tropas aliadas, retenidas en torno a su cabeza de playa, tenían que esperar el auxilio de las desplegadas en la Línea Gustav.
Hubo que hacer una pausa para reor­ganizar las fuerzas aliadas y esperar a que el tiempo mejorase para lanzar la ofensiva definitiva —cuarta batalla por Montecassino—, bautizada como Operación «Diadem», que se desataría ya a mediados del mes de mayo de 1944. Con las tropas francesas atacando a través de las montañas y las británicas rompiendo la Línea Gustav tras cruzar el río Rápido, el 2º Cuerpo Polaco con­seguía por fin tomar la abadía de Mon­tecassino —tan tenazmente defendida por los paracaidistas alemanes— e izar su bandera en una acción repleta de simbolismo. La cruenta batalla por la Línea Gustav había terminado y el ca­mino a Roma quedaba abierto.

Los personajes

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