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lunes, 23 de febrero de 2015

GAGOMILITARIA NOTICIAS.-EL POLVORÍN LIBIO LA AMENAZA DE UNA NUEVA GUERRA A LAS PUERTAS DE EUROPA

Libia, los riesgos de una nueva guerra a las puertas de Europa
luis de vega / madrid
Día 22/02/2015 - 16.55h

La expansión de los terroristas del Estado Islámico reabre el debate en torno a otra operación militar internacional en el país magrebí pero casi nadie piensa dar el paso

La diplomacia internacional parece no querer oír hablar de otra guerra en Libia y mucho menos con tropas extranjeras en tierra, lo que conduciría a la «afganización» de un país enormemente fragmentado. Pero, al mismo tiempo, crece la preocupación por la expansión del Estado Islámico (EI) en el continente africano. En todo caso, casi nadie cree que, a corto plazo, se vaya a reabrir un conflicto armado internacional en la orilla sur del Mediterráneo en un momento en el que se intenta por todos los medios apagar las llamas del conflicto en Ucrania. La aviación de la OTAN fue clave para derrocar a Muamar Gadafi en 2011, pero lo que vino después no es más que violencia, inestabilidad y caos. Pura anarquía.
 
«Por mucho que se plantee una intervención contra el EI, sin arreglo político no habrá solución», entiende la jefa del área Mundo Árabe y Mediterráneo del IEMed (Instituto Europeo del Mediterráneo), Lurdes Vidal. El panorama es sin embargo no apto para el optimismo, al menos a corto plazo. En Libia existen dos gobiernos enfrentados (el de Trípoli alineado además con los islamistas radicales), existen innumerables tribus con intereses particulares, existen decenas de milicias armadas heredadas de la guerra civil y existen diversos grupos yihadistas que han llegado, incluso, a matar al embajador de Estados Unidos.
 
Nada de esto ha logrado poner sobre la mesa de la comunidad internacional la posibilidad seria de una nueva intervención armada en el país magrebí desde que hace cuatro años estalló la revolución. Esa posibilidad ha empezado a sopesarse únicamente tras el vil asesinato por decapitación de 21 cristianos coptos de nacionalidad egipcia a manos de terroristas del Estado Islámico en una playa del Mediterráneo libio. Todo ello cruelmente documentado en un macabro vídeo en el que el líder, enmascarado y con el cuchillo ensangrentado tras la carnicería, señala al mar mientras asegura: «Conquistaremos Roma, si dios quiere».
 
«Usan muy bien los medios para amplificar» su potencial, pero «no son tantos», opina Lurdes Vidal sobre la verdadera capacidad del EI en Libia. Por muy desarrollado que tenga su aparato propagandístico «el EI tendrá menos éxito en Libia porque las milicias están más asentadas y tienen más medios y arraigo social» que en Siria, vaticina Vidal.
 

Solo Egipto, que bombardeó posiciones del Estado Islámico nada más confirmar esos hechos, e Italia, que apoyaría solo una misión de paz, parecen tirar del carro de la necesidad de una operación internacional en Libia con Naciones Unidas al frente. Las autoridades de Roma ven no solo cómo Libia, a poco más de 300 kilómetros de sus costas continentales, se ha convertido en puerto de salida de miles de emigrantes. También ven con más preocupación que otros estados la proximidad física del extremismo, extendido también por Mali, Nigeria o Somalia, aunque muchos más kilómetros adentro en el continente africano.

Obligarles a dialogar

Pero la diversidad de grupos que se disputan el poder -y el petróleo- complican el objetivo a atacar en Libia. Una nueva guerra con militares de otros países sobre el terreno «tendría pocas opciones de triunfar. El caso afgano es un perfecto ejemplo», entiende Mazen Cherif, especialista en terrorismo internacional, en declaraciones a la agecia France Presse. «Una intervención hará de Libia una tierra de yihad a la que acudirán yihadistas de los países del Magreb, de África y también de Siria e Irak», bastión del Estado Islámico, añade.
 
En ese mismo sentido se expresa Lurdes Vidal, que entiende que antes que el envío de aviones con bombas es mejor «tensar la cuerda financieramente» con Libia para «obligar a las partes a negociar». Se refiere a esos dos gobiernos, uno en Trípoli y otro en Tobruk (este), que compiten por el poder en medio del caos. En este sentido, los Gobiernos de España y Gran Bretaña entienden, tras el encuentro en Madrid el jueves de sus dos cancilleres, que levantar embargos como el de armas para ayudar a Libia a hacer frente al terrorismo yihadista debe estar condicionado a la creación de un ejecutivo de unidad nacional.
 
El principal ariete de la comunidad internacional para tratar de acercar a las partes enfrentadas es el diplomático español Bernardino León, enviado de la ONU para Libia. «No me gustaría estar en la piel de Bernardino León», asegura la analista del IEMed consciente de que el trabajo será arduo.
 
 

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