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viernes, 14 de enero de 2011

LOS ULTIMOS DE FILIPINAS, LOS HEROES DE BALER




LOS HEROES DE BALER, LOS ULTIMOS DE FILIPINAS

El 18 de abril de 1898 los Estados Unidos emitían un comunicado por el cual le declaraba la guerra a España.

La escuadra española sucumbió ante la americana en Santiago de Cuba y en Cavite (Filipinas) y así desaparecía el viejo imperio español.

Baler es un pequeñísimo poblado de la isla de Luzón (Filipinas). Allí, un destacamento del Batallón de Cazadores Expedicionario nº 2 formado por unos 57 soldados, el 12 de febrero de 1898 fueron cercados por fuerzas tagalas muy superiores y tuvieron que refugiarse en la iglesia del pueblo, único edificio de construcción sólida. Desde entonces no recibieron ningún tipo de ayuda exterior.
Resistieron a todo lo envites del adversario que les superaban, ampliamente, en número y armamento.

España firmó el Tratado de París el 10 de diciembre de 1898 por el cual renunciaba a Filipinas, Guam y Puerto Rico a favor de Estados Unidos y daba la independencia a Cuba. Desde esa fecha Filipinas dejaba ser española y se retiraba de ella, menos en la Iglesia de Baler donde 50 españoles, entre vivos y muertos, seguían defendiendo la posición en cuya torre ondeaba la bandera española.
Se olvidaron de ir a por ellos.

No tenía apenas alimentos, la harina putrefacta, las legumbres con gorgojos y las latas de sardinas descompuestas, pues había que repartir más de 4 o 5 para que pudiera salir una en estado comestible.

La enfermedad del beri-beri y la disentería hizo estragos en ellos y donde no pudieron entrar los asaltantes tagalos, entró por las rendijas, la muerte.

Allí se dieron actos de un valor inaudito, donde hasta los enfermos y los heridos, arrastrándose por el suelo lucharon, a la bayoneta calada, hasta en el cuerpo a cuerpo.

Aquellos hombres no podían creer que España había rendido su imperio y los había abandonado allí, por lo cual no creyeron a los emisarios ni a las notificaciones que les enviaba el enemigo (unos falsos y otros no) para que se rindieran. Sus órdenes recibidas eran las de mantener la posición hasta que fueran relevados y estaban dispuestos a morir allí.

La noticia de la existencia de estos héroes españoles defendiendo una pequeña iglesia en Baler, consternó al mundo por lo insólito y el supremo valor y tesón de aquél puñado de españoles.

Una noticia, imposible de ser falsificada, en un ejemplar del periódico “El Imparcial”, hizo que el teniente Martín Cerezo se diera cuenta que desde hacía más de 10 meses aquella pequeña parcela de tierra que estaban defendiendo ya no era española.

El 2 de junio de 1899, 332 días después, las puertas de la iglesia de Baler se abrieron y por allí salieron, formados y ondeando sus banderas los siguiente:

El Teniente Saturnino Martín Cerezo, natural de Miajadas, (Cáceres)
El Médico Rogelio Vigil de Quiñones, natural de Marbella (Málaga)
El Cabo Jesús García Quijano, natural de Viduerna de la Peña (Palencia)
El Cabo José Olivares Conejero, natural de Caudete (Albacete)
El Corneta Santos González Roncal, natural de Maillén (Zaragoza)
Y 28 soldados más (entre ellos dos murcianos)

Los sitiadores, formando pasillo, no salían de su asombro al ver aquella fuerza famélica y casi desnuda, con tablas de madera atadas a los pies como calzado y más de la mitad heridos y enfermos transportados por sus compañeros en improvisadas parihuelas.

Allí quedaron enterrados:
El Capitán Enrique de las Moreras y Fossi, natural de Chiclana (Cádiz)
El Teniente Juan Alonso Zayas, natural de San Juan de puerto Rico
Y 14 soldados más.

La gesta fue de tal magnitud y heroísmo que el propio presidente de Filipinas, Emilio Aguinaldo dictó el siguiente decreto en honor de los Héroes de Baler:

"Habiéndose hecho acreedora a la admiración del mundo de las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, la constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanza de auxilio alguno, han defendido su bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares e interpretando los sentimientos del ejército de esta República, que bizarramente les ha combatido; a propuesta de mi secretario de Guerra, y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno, vengo en disponer lo siguiente: Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos; y en su consecuencia, se les proveerá, por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar a su país".

Firmado Emilio Aguinaldo

Con el fin de enriquezer este ralato de heroismo de los defensores Baler, publicamos a continuación una noticias publicada en EL PERIODICO HERALDO DE MADRID:

Un telegrama de Filipinas da cuenta de que las fuerzas norteamericanas destacadas en Baler se han rendido a los insurrectos.

»La rendición de esas fuerzas en el mismo sitio donde un pobre destacamento español, sin municiones, sin víveres, sin esperanza de auxilio, contuvo a una enorme masa de enemigos durante muchos meses, es un contraste consolador para España.

»La abnegación espartana de aquel puñado de héroes, casi desnudos, hambrientos, pero indomables, imponiendo terror y respeto a fuerzas cien veces mayores, escribiendo en la historia de la patria una de las páginas más admirables, resulta ahora doblemente grande, doblemente hermosa. Baler está consagrado por la sangre de mártires y de héroes, y hazañas como aquélla no se repiten, no puede ostentarlas nación alguna; la orgullosa Norteamérica podrá tener riquezas inmensas, posesiones dilatadas; pero un sitio de Baler no lo tiene, no lo tendrá nunca.

»Tras largos meses de ensañada lucha; de resistir las inclemencias y angustias de la fiebre del hambre; de rechazar vigorosos y terribles ataques, el destacamento español salió de Baler a banderas desplegadas, victorioso, invencible.

Era un destacamento de agonizantes, de rostros cadavéricos, de cuerpos devorados por la calentura.

»Pero debajo de aquellos uniformes rotos, en aquellos pechos que temblaban con el frío febril, el corazón de la patria latía formidable y entero, capaz, como siempre, de producir asombro al mundo con su valor supremo.
»No han arrebatado tierras y sangre; justo es que este recuerdo, avivado por la rendición del Baler norteamericano, nos haga volver los ojos, llenos aún con el llanto de la derrota, hacia aquellos hijos que realizaron allí tan bizarra defensa.
»Eso no podrán arrebatárselo nunca a España; podrá caer en la desventura, pero sus sitios de Baler la han impuesto y la impondrán en el respeto del mundo.»


Fuente El Diario HERALDO DE MADRID: Día 5 de Octubre del año 1.900

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