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lunes, 6 de abril de 2015

LA BATALLA DEL SALADO ....LA VICTORIA QUE DESMORALIZO A LOS MUSULMANES

La batalla del Salado 



Lienzo que representa la batalla del Salado, librada en 1340. Lienzo del siglo XVII conservado en el monasterio de Guadalupe, provincia de Cáceres, (España).

A mediados del siglo XIV, 22.000 valientes soldados castellano-portugueses se enfrentaron a orillas de un pequeño río al ejército benimerín que tras cruzar el estrecho de Gibraltar sitiaban Tarifa. Los musulmanes les triplicaban en número pero esta batalla representó el último intento islámico de dominar la Península. Esta ofensiva se la conoce como la Batalla del Salado.
Cinco siglos antes los musulmanes habían ocupado gran parte del territorio de la Península Ibérica pero desde el norte se inició la Reconquista del mismo. Sería tras la derrota de los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) cuando perderían el control del sur de la Península, dejando tras de sí unas desorganizadas taifas que fueron progresivamente ocupadas por los cristianos, a excepción del reino nazarí de Granada. Este se alió con los benimerines (Banu Marin), tribu bereber que desde 1268 dominaba el norte de África, e intentaron en varias ocasiones ocupar una plaza crucial para controlar el Estrecho, Tarifa. Su objetivo final: recuperar nuevamente la Península Ibérica.

Durante el asedio a la ciudad, el rey castellano Alfonso XI decidió ir en busca de los musulmanes a orillas de un arroyo situado cerca de Tarifa, el río Salado.
 
En esta ocasión pactaron la pelea en campo abierto. La suerte estaba echada. A ambos lados del río dos mundos opuestos y solo uno acabaría vencedor. El papa Benedicto XII promulgó la bula Exultamus in te ensalzando la batalla a “cruzada contra el Islam”, una guerra santa, y los contendientes cristianos se beneficiarían de gracias espirituales y económicas.
 

Estatua de Alfonso XI de Castilla en el Alcázar de los Reyes Cristianos, Córdoba (España).

Era un lunes 30 de octubre de 1340, y el rey Alfonso XI de Castilla y su suegro, el rey Alfonso IV de Portugal, habían preparado el enfrentamiento minuciosamente. Su ejército era menos numeroso pero disponía de espadas y armaduras de última generación que le convertía en más moderno y tácticamente mejor preparado que el musulmán. Por contra, las tropas de Abu-I-Hassán, rey de la dinastía benimerín de Marruecos, y de Yusuf I , soberano nazarí de Granada, contaba con mejores jinetes.
Alfonso XI no estaba dispuesto a perder la batalla y prueba de ello la tenemos en la declaración que hizo delante de sus nobles:
 
 …antes prefiero perder la cabeza con la corona de España que entregar Tarifa a los musulmanes.
Los ejércitos de ambos reyes se encontraron en Sevilla y el 29 de septiembre decidieron que Alfonso XI lucharía contra el rey de Marruecos, y Alfonso IV contra el de Granada.
Esa noche Alfonso XI no pudo conciliar el sueño y, tras oír la misa y comulgar, esperó que el sol estuviera lo suficientemente elevado como para no cegar a sus soldados. A las diez de la mañana comenzó el combate. Entre las personalidades que acompañaban al rey en la batalla destacaba el del arzobispo de Toledo, don Gil de Albornoz, nombrado unos años después Cardenal, teniendo un papel decisivo para el retorno del papado a Roma tras el cisma de Aviñón.
 
La vanguardia, formada por los castellanos, fueron los primeros en atacar tras atravesar el río. La caballería pesada se abalanzó contra la infantería musulmana rompiendo eficazmente su formación, no dejándoles otra opción que cargar contra los jinetes. Mientras, los portugueses combatían con éxito en el flanco izquierdo contra los nazaríes. Sin embargo, en la retaguardia se estaba librando otro sangriento y definitivo combate que se inclinó favorablemente del lado de los castellanos gracias a que los propios defensores de Tarifa salieron en su ayuda. A partir de entonces la desmoralización de los musulmanes de la Península fue total, hasta que el 2 de enero de 1492, los Reyes Católicos conquistan el último enclave musulmán de Europa occidental, Granada.
 
El rey Alfonso XI no murió durante la batalla sino diez años después, víctima de la peste, pero su valor y decisión cambiaron el rumbo de la historia en España
 
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