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viernes, 27 de febrero de 2015

LA YIHAD

La Guerra Santa en el Corán y su evolución hacia la Primera Cruzada

Es inevitable reconocer que la aparición del Islam a comienzos del siglo VII marcó sin duda el comienzo de una nueva etapa; el fundador de esta nueva religión que marcaría la historia fue Mahoma.

Mahoma ordenando la destrucción de los ídolos de La Kaaba , tras haber tomado La Meca.
Mahoma nació en el 570 en La Meca, dentro del clan hachemí, una rama de la tribu gobernante de los quraysíes. Al quedarse huérfano se fue a vivir con su primo Alí, donde fue educado por su tío Abu Talib. Siendo joven se casó con la rica Jadicha en el 600, de la que tuvo varios hijos, de los que murieron todos salvo su hija Fátima. Entre los veinte y los treinta años Mahoma ayudó a su mujer en las tareas comerciales, aunque no se sabe con certeza si llegó a viajar a Siria acompañando a las caravanas.

Mahoma comienza una vida ascética y se retira al desierto, donde en el 610 se produjo la revelación que iba a cambiar su vida. Esta tuvo lugar cuando el ángel Gabriel le anunció su misión profética. Esta revelación constituye para él un mensaje espiritual, una llamada al cumplimiento y al respeto de los mandatos de la vieja moral clánica, aunque depurada de su orgullo y egoísmo. Estas revelaciones procedían para Mahoma de un libro divino, de un arquetipo guardado en el cielo, al que sólo podrían acceder los puros. Él personalmente no llegó a leerlo, pero le fueron revelados diversos fragmentos traducidos a la lengua árabe, Dios se lo comunicaba a trozos por medio del Espíritu o de sus ángeles
 
En estas circunstancias inició su predicación en La Meca. Al principio su único propósito consistía en llamar la atención de sus conciudadanos hacia el monoteísmo, cantando las maravillas de la creación del hombre: sólo hay que pedir perdón a Dios por los pecados y recitar frecuentes letanías de inspiración cristiano-hebrea, evitar el engaño y llevar una vida casta. Mediante las revelaciones que recibía del Corán, Mahoma buscaba  reconducir al pueblo a la pureza de la primitiva religión encarnada por el hombre piadoso musulmán.
 
Arabia en tiempos de Mahoma
 
Hay que destacar que el Islam es una religión de escasa teología, pues hay que tener en cuenta que Mahoma carecía de cualquier tipo de formación, al igual que los fieles a los que se dirigió.  Hemos de añadir que no se presentaba el Islam como una nueva religión, sino como un intento de volver a conducir al pueblo por el camino recto (Mahoma predicaba que los judíos y los cristianos habían entendido mal el mensaje de Dios y que su misión era corregir ese error). Hay que tener en cuenta que La Meca era una ciudad muy importante para el comercio en la que había comunidades hebreas y cristianas, y que cuando era conductor de caravanas para su tío, Mahoma entró en contacto con monjes nestorianos, esto a la larga supondría una influencia en el mensaje del profeta, que llegaría a definir a estas religiones como “los pueblos del libro”.
 
Mahoma encontró una ciudad en la que había muchas religiones, en la que muchos árabes seguían un culto astral. Debido a la gran presencia judía había cierta idea de procedencia hebrea a través de la figura de Abraham (los árabes se sentían descendientes de Ismael, hijo de Abraham, expulsado por este junto a su madre Agar al desierto, tal y como se recoge en el Génesis 21,9-14: “ Un día Sara se dio cuenta de que el hijo que Agar la egipcia le había dado a Abraham estaba jugando con Isaac y dijo a Abraham: «Echa a esa esclava y a su hijo, pues el hijo de esa esclava jamás tendrá parte en la herencia con mi hijo Isaac». Este asunto angustió mucho a Abraham porque se trataba de su propio hijo.
 

Abraham despide a Agar y a su hijo Ismael

 
Pero Dios le dijo a Abraham: «No te angusties por el muchacho ni por la esclava. Hazle caso a Sara, porque tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.  Pero también del hijo de la esclava haré una gran nación, porque es hijo tuyo».Al día siguiente, Abraham se levantó de madrugada, tomó un pan y un odre de agua, y se los dio a Agar, poniéndoselos sobre el hombro. Luego le entregó a su hijo y la despidió. Agar partió y anduvo errante por el desierto de Berseba.”), quien habría ayudado a Agar a establecerse en La Meca y la habría visitado en varias ocasiones llegando incluso a bendecir La Kaaba.
 
Los primeros conversos que Mahoma comenzó a encontrar en La Meca eran en general pobres, pues los ricos temían que con la nueva religión se acabasen las peregrinaciones a La Kaaba y de esta forma su posición privilegiada. El celo de Mahoma se agravó y al tiempo que trataba de calmar a los adinerados, iniciaba sus arremetidas contra la idolatría. Los incrédulos comenzaron a atacar a los musulmanes, intentando impedir sus rezos con constantes amenazas.[

En el 622 se vio obligado a abandonar la Meca (hégira) para buscar refugio en la ciudad de Medina. En ella es requerido como árbitro supremo de las tribus de Aws y Jazrach, divididas por viejas rencillas que años antes habían conducido a la guerra, Mahoma aprovechó su influencia para hacerse con el poder y crear un estado teocrático. Sus primeros actos como nuevo jefe de estado consistieron en dar medios de subsistencia a los que habían emigrado con él y trató de crear un estado con libertad de cultos para ganarse el favor de los judíos. Sin embargo los continuos ataques de estos y la continua discusión en torno a la Biblia (libro sagrado para ambos credos), le llevaron a poner fin a sus concesiones y a arremeter contra ellos y los cristianos como medio de librarse de disidentes.
 
Mahoma recibe la revelación del arcangel Gabriel
En el 626 Mahoma declara la guerra santa a La Meca. La guerra constituía el ideal supremo  de Mahoma, puesto que con ella iba a infligir a los paganos el tormento con el que los había amenazado. Aunque sus partidarios se demostraban reacios a aceptar la predicación por medio de la espada, Mahoma  reforzó su poder personal y provocó la guerra atacando caravanas de La Meca.  Mahoma comenzó por establecer que los creyentes debían obedecer a Dios y por tanto a su enviado, quienes fuesen contrarios tendrían como destino el infierno, puesto que el Profeta representaba a Dios y en él había que confiar. La Yihad era el camino para ganarse el cielo y Mahoma la usó a su favor en su conflicto contra La Meca,  así lo recoge el Corán: “Combatid a vuestros enemigos hasta que nada tengáis que temer de la tentación, hasta que el culto divino haya sido restablecido, que toda enemistad cese contra los que han abandonado los ídolos. Vuestros odios solo deben encenderse contra los perversos.
 
La guerra duró desde el 626 hasta el 630, año en el que La Meca se rindió (principalmente porque los dirigentes se dieron cuenta de que la nueva religión no acabaría con las peregrinaciones y de esta forma no afectaría a sus intereses). Tras varias victorias, Mahoma pudo regresar triunfalmente a la Meca, donde fallecería años después en el 632. Para entonces la mayor parte de las tribus árabes, convertidas a la nueva religión, reconocían a Mahoma como el profeta de Allah y le prestaban fidelidad y obediencia.
 

Mahoma dirigiéndose a La Mecca
La toma de La Meca y la conversión de la ciudad, tuvo como efecto el trastocar el delicado sistema de alianzas imperante hasta entonces en el interior de Arabia. Durante los últimos años de su vida Mahoma se vió obligado a combatir a diversas tribus árabes y a establecer nuevos pactos que le permitiesen mantener la situación de predominio. El resultado fue que a su muerte en el 632 prácticamente toda Arabia se encontraba sometida.
 
Sin embargo la muerte de Mahoma estuvo a punto de dar al traste con su obra política y religiosa puesto que murió sin nombrar sucesor. Mientras su cuñado y su primo Alí hacían los arreglos para el funeral, se reunieron en ausencia de éste los compañeros del Profeta y escogieron a su suegro y amigo íntimo, Abu Bakr, como califa, es decir representante o sucesor. El califa era el jefe espiritual de la umma, la comunidad. A Abu Bakr le siguió Umar, otro compañero del Profeta, quien fue asesinado en el 644. El nuevo califa fue Utman, otro de los compañeros. A la larga, tras la ejecución de Utman en el 656, Alí tuvo la oportunidad de suceder a Mahoma como cuarto califa.
 

La Guerra Santa en el Corán y su evolución hacia la Primera Cruzada (II) – La Yihad

El Islam significa sumisión a Dios y musulmán significa sumiso, Allah es sólo uno y por tanto sus servidores tienen el deber de imponerlo a los infieles. No proponen su conversión, sino su sujeción.

 Guerreros árabes de la época de Mahoma. Ilustración procedente de “Armies of the Muslim Conquest” publicado por  Osprey Publishing
Esta vocación guerrera queda constantemente recogida en pasajes del Corán: “Di a los beduinos rezagados: “Sois llamados a combatir a gentes dueñas de gran valor. ¡Combatidlas o islamícense!” Si obedecéis, Dios os dará una hermosa recompensa, si os replegáis, como os replegasteis anteriormente, os atormentará con un castigo doloroso".

Esta religión está hecha de una mezcla de las doctrinas judía y cristiana, elaborándolas de tal forma que en muchos aspectos implicaba un retroceso a los autores más arcaicos de la Biblia hebrea, del Yahvé belicoso y vengador. Sobre esta reformulación del monoteísmo  se instauraba una sociedad teocrática, férreamente sometida a una legislación tenida como revelada por Dios, que llamaba a la guerra de expansión en nombre de la fe.
El Islam es una religión de guerra, que promete a sus fieles el botín sobre la tierra y recompensas materiales en el cielo (siendo esta la causa de la difusión rápida). Es importante para entender el motivo de la belicosidad musulmana las palabras de Mahoma: “¿Quién es más injusto que aquel que inventa, contra Dios, la mentira cuando se le invita a convertirse al Islam? Dios no conduce a las gentes injustas; querrían apagar la luz de Dios  con el soplo de sus bocas. Pero Dios terminará su luz, aunque repugne a los incrédulos. Él es quien  ha mandado a su Enviado con la Dirección y la religión verdadera para que resplandezca sobre toda otra religión, aunque repugne a los incrédulos. ¡Oh, los que creéis! ¿Os guiaré a un negocio que os salvará del tormento doloroso? ¡Creed en Dios y en su Enviado! ¡Combatid en la senda de Dios con vuestros bienes y vuestras personas! Esto es lo mejor para vosotros, si vosotros sabéis. Si lo hacéis, Dios os perdonará vuestros pecados y os introducirá en unos jardines en que por debajo corren los ríos, y en excelentes moradas en los jardines del Edén. Este es el mayor éxito".
 
La Yihad tiene unas bases bien asentadas en el Corán y la Tradición (Hadices). Si bien no es uno de los cinco pilares del Islam, lo cierto es que es un precepto de forzoso cumplimiento para los musulmanes, altamente recomendable. De hecho, de acuerdo con el Corán y la Tradición no hay otro acto más meritorio o piadoso, que combatir en el camino de Dios. Con la Yihad Allah lava los pecados de los fieles, y estos consiguen un atajo para llegar al paraíso. La recompensa para el mujahidin es el paraíso, tan grande como el cielo y la tierra.
 

 “The Prophet’s Standard”. Lienzo de Jean-Léon Gérôme.
 
 La Yihad se practica para expandir y defender el Islam. Como tal es una obligación que puede ser colectiva, en el caso ofensivo, o individual, en el caso defensivo. En el primer caso el dirigente correcto es el que tiene potestad de predicar la Yihad y reclutará un número de tropas, de tal manera que el servicio de unos exime a otros. Sin embargo, si las tierras del Islam fueran atacadas es deber de todos los musulmanes combatir para defender la ley y su fe, sin que haga falta esperar a una autoridad establecida.
 
Así es que inmediatamente después de su muerte, los árabes dieron principio a la guerra santa. Después de cada conquista  buscaban apoderarse de la ciencia y el arte de los infieles para  cultivarlo en honor de Allah. Incluso tomaron de los conquistados sus instituciones en la medida en que pudiesen serles útiles, puesto que para gobernar el imperio que estaban formado ya no les servían sus instituciones tribales.
 
En cuestión de pocos años los árabes obtuvieron espectaculares éxitos militares, que les permitieron arrebatar al Imperio Bizantino las provincias de Palestina, Siria,  Egipto, y conquistar el imperio persa. Esta vertiginosa expansión, realizada en tan poco tiempo y a expensas de estados tan poderosos, sorprendió a los propios conquistadores.  Los motivos de esta gran expansión son: la difusión del Islam a punta de espada, la conquista como resultado de un movimiento migratorio debido a la desertización de Arabia, el uso de la guerra como medio de evitar la desintegración de la unidad creada por Mahoma, la situación de crisis en que se encontraban tanto bizantinos como persas… Durante la época omeya esta expansión continuó, tanto por Oriente (ocupación de la Transoxiana y la cuenca del Indo) como por Occidente (norte de África y España).
 
Expansión del Islam
 
Por otro lado, la concepción y evolución de la cruzada en el mundo cristiano es mucho más compleja. Si en el mundo musulmán el concepto de Yihad está presente desde sus bases fundacionales, lo cierto es que la aceptación y el desarrollo de un concepto de guerra santa, en el mundo cristiano resultará más complejo. De hecho la iglesia ortodoxa no reconoce este tipo de guerra, y no podemos hablar de que exista un corpus canónico específico de la cruzada para el mundo cristiano occidental durante gran parte de la Edad Media.
 
Ya en el s. V San Agustín de Hipona en el contexto de la caída de Roma, introduce el concepto del empleo justificado de la violencia en el marco de una guerra justa. Sin embargo matar, sea en una guerra justa o no, se seguirá considerando pecaminoso. Para Agustín de Hipona la guerra, en tanto que consecuencia del pecado, resulta del todo inevitable en las sociedades, siendo inherente a la ambición de poder  del hombre. Ahora bien, San Agustín pone el énfasis no en la guerra en sí misma, sino en la intención del combatiente, esto es, en la pureza de sus motivaciones. De aquí se deriva una consecuencia fundamental para la teoría agustiniana: la guerra y el Evangelio serían compatibles siempre que sea el amor y no el odio o la ambición de poder el verdadero móvil del guerrero. Por consiguiente, al cristiano no le sería lícito matar ni siquiera en defensa propia si son sus intereses privados los que están en juego.
 
La primigenia doctrina evangélica que proponía una respuesta no violenta del cristiano a la violencia de otros era así reinterpretada por el obispo de Hipona, quien llega a sostener que, precisamente por amor, el cristiano debe corregir el pecado incluso con las armas. Tan solo los actos violentos sancionados por las autoridades del Estado cristiano eran legítimos a los ojos de Agustín de Hipona.  De esta forma San Agustín preparó el camino para la posterior sacralización de la guerra justa por parte de la Iglesia en los siglos medievales, siendo su pensamiento clave para comprender cómo fueron posibles las Cruzadas.
 

San Agustín de Hipona
 
En esta evolución hacia una concepción más guerrera de la religión encontramos elementos como la integración de la ethos guerrera de los pueblos germánicos, su unión con la iglesia cristiana, ejemplarizado con Carlomagno y la aparición del concepto de Paz y Tregua de Dios ya en el s. XI. Será precisamente en este siglo cuando la confluencia de una serie de factores, junto con esta evolución marcará un salto cualitativo. Fundamental para ello sería la reforma religiosa de dicho siglo que afectó a una reforma de las costumbres y moral de la Iglesia. Todo ello, junto con la influencia de las campañas contra los infieles en Hispania y Sicilia, llevará a la predicación de la primera cruzada en Clermont
Aunque ya los bizantinos habían hecho la guerra contra los musulmanes y había portado la cruz durante sus campañas, a las cuales el pueblo dio en ocasiones un profundo sentido de santificación, no se puede hablar de guerras por la fe. La iglesia bizantina nunca dio demasiada importancia al concepto de guerra santa.
 
 






 

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