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domingo, 28 de diciembre de 2014

EL TABACO DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Tabaco en la Segunda Guerra Mundial (ALEMANES)

 

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Hitler fue fumador durante su juventud. Años después, se dio cuenta de los peligros para la salud y, una vez en el poder, mostró una actitud pública de desprecio hacia el tabaco, al que él mismo denominaba “la ira del Hombre Rojo contra el Hombre Blanco”. La campaña antitabaco durante la Segunda Guerra Mundial reflejaba “un clima político nacional que hacía hincapié en las virtudes de la higiene racial y la pureza corporal”. Los nazis también llevaron a cabo en la misma línea campañas para reducir el consumo de alcohol y de alimentos poco saludables.
Los historiadores y epidemiólogos tan solo recientemente han comenzado a explorar el movimiento antitabaco nazi. Alemania tuvo un fuerte movimiento de lucha contra el tabaquismo en la década de los años 30 y 40, que consiguió la prohibición de fumar en espacios públicos, la prohibición de la publicidad de cigarrillos, las restricciones a las raciones de tabaco para las mujeres (se argumentaba que el tabaco causaba abortos espontáneos) y que culminó con un corpus de conocimientos médicos vanguardista sobre el tabaco (se logró establecer por primera vez el estrecho vínculo entre fumar y desarrollar cáncer de pulmón). La campaña contra el tabaco debe ser entendida en el contexto de la búsqueda nazi de la pureza racial y corporal, que también estuvo detrás de muchos otros esfuerzos de salud pública de la Segunda Guerra Mundial.
comparativa
En la Alemania nazi, durante la Segunda Guerra Mundial, la abstinencia de tabaco era un “deber nacionalsocialista”. Hitler regalaba un reloj de oro a la gente de su confianza que lograba dejar el hábito. Ahora bien, se rumoreó que tras el suicidio de Hitler en 1945, muchos de ellos volvieron a fumar y conservaron sus relojes. El Reichsführer Heinrich Himmler prohibió a los hombres de las SS el tabaco. Los activistas antitabaco lograron la prohibición de fumar en las oficinas gubernamentales, el transporte civil, en las universidades, residencias, oficinas de correos, así como en muchos restaurantes y bares, hospitales y centros de trabajo. Se aumentaron los impuestos al tabaco, las máquinas expendedoras de cigarrillos no supervisadas fueron prohibidas y se llegó a presionar para la prohibición del tabaco al volante.
 
Anuncio nazi antitabaco durante la segunda guerra mundial. "El fumador empedernido: no es él el que devora el cigarrillo, sino que es el cigarrillo el que se lo devora"
Fuente y autoría: Autor desconocido (1941) [bajo licencia de dominio público concedida en virtud de las leyes alemanas de propiedad intelectual], vía Medicallabandcoats.
Anuncio nazi antitabaco durante la segunda guerra mundial. “El fumador empedernido: no es él el que devora el cigarrillo, sino que es el cigarrillo el que se lo devora”
 
El Ministerio de Educación y Ciencia, junto a la Oficina de Salud del Reich, publicó carteles que representaban el hábito de fumar como algo típicamente despreciable de judíos, músicos de jazz, gitanos, indios, negros, homosexuales, comunistas, capitalistas, lisiados, intelectuales y prostitutas.
Un individuo particularmente vil, Karl Astel (antisemita acérrimo, fanático de la eutanasia, oficial de la SS, criminal de guerra y obsesionado con una Alemania sin cigarrillos) era feliz acercándose a los fumadores y arrancándoles los cigarrillos de sus propias bocas. Como él, había muchos responsables de las autoridades nazis decididas a erradicar el tabaquismo de la Nueva Alemania que iba a surgir tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Por cierto, uno puede sorprenderse al descubrir que la frase “tabaquismo pasivo” (Passivrauchen) no fue acuñada por los publicistas norteamericanos contemporáneos, sino por Fritz Lickint, el autor del tratado de 1100 páginas Tabak und Organismus (“El tabaco y el Organismo”), que fue producido en colaboración con la Liga Antitabaco Alemana.
 
 

Tabaco en la Segunda Guerra Mundial (ALIADOS)

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Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados norteamericanos eran grandes fumadores. ¿Quién podría culparlos? Las grandes estrellas de Hollywood fumaban. El propio presidente fumaba. Los héroes que combatían al enemigo al otro lado del charco fumaban. Nadie sabía muy bien los riesgos derivados de inhalar el alquitrán y el dióxido de carbono de esa cautivadora picadura liada meticulosamente en papel de fumar y presentada en paquetes atractivos y cómodos.
 
El negocio del tabaco iba viento en popa. Mucha gente creía que no solo era algo bueno para las grandes tabaqueras y para sus inversores, sino que también era positivo para la economía estadounidense en general. Un anuncio de Phillip Morris de 1943 mostraba una colilla encendida con entusiasmo. “America está fumando más que antes”, rezaba. Ese año, Phillip Morris y sus felices competidores liaron y vendieron un número récord de 290 mil millones de cigarrillos. El 30 % de esos cigarrillos acabaron lejos del territorio continental, colgando de los labios de los soldados más jóvenes recién alistados al ejército de los EE.UU. Ahora bien, el 70 % restante de la producción se quedó en casa, en las bocas de americanos estresados y agobiados ante la cruda perspectiva de la guerra moderna.
 
Campaña publicitaria de Lucky Strike
Fuente y autoría: British American Tobacco [bajo licencia de dominio público en virtud de las leyes estadounidenses de propiedad intelectual], vía Atlas-repropaperwor
 
La American Tobacco Company cosechó uno de sus mayores éxitos gracia a su marca Lucky Strike. Debido a la escasez en tiempos de guerra del tinte verde que usaban para sus paquetes (contenía cobre), los directivos de la compañía decidieron cambiar la presentación de la cajetilla, adoptando el clásico rojo sobre blanco que todos conocemos. Aprovecharon la escasez para responder a una queja recurrente de las mujeres: las antiguas cajetillas conjuntaban mal con sus coloridas prendas. La American Tobacco Company aprovechó también el hecho de que los uniformes del Ejército fueran averdosados. Se lanzó esta ingeniosa campaña publicitaria tras iniciarse el teatro de operaciones norafricano. Parece ser que esta campaña de marketing fue todo un éxito: las ventas aumentaron un 38 % en 1942.
 
Ración de cigarrillos Chesterfield en la Segunda Guerra Mundial
Fuente y autoría: Haberecht, Percy Arthur Charles [bajo licencia de dominio público en virtud de las leyes estadounidenses de propiedad intelectual], vía Australian War Memorial
 
Los cigarrillos formaban incluso parte de las raciones militares, junto a otros bienes más indispensables como la carne, las verduras o las patatas. Las marcas más importantes de cigarrillos lograron hacerse un hueco en todo el mundo, tanto que incluso llegaron a escasear en casa. A menudo era misión imposible encontrarse un paquete de Cherterfield, Camel, Kool o Pall Mall. Los norteamericanos que no estaban en el frente se tenían que conformar con marcas olvidadas, eso sí tenían la inmensa suerte de encontrar unos pitillos que llevarse a la boca. Archie P.McDonald, un historiador de Texas, recuerda cuando se formaban colas eternas fuera de los comercios durante el par de días a la semana en los que disponían de algo de tabaco. En diciembre de 1944, se veían carteles de “No hay tabaco” tras los escaparates de todos los establecimientos. Los cigarrillos llegaron a escasear tanto en algunos lugares que muchos fumadores se vieron obligados a dejar su adicción de manera forzosa. Otros prefirieron ser fumadores empedernidos y llegar a pagar hasta cuatro veces el precio de un paquete normal en el mercado negro.
 
El alcance de las consecuencias de fumar cigarrillos no se llegaría a conocer hasta transcurridos unos cuantos años tras el regreso de todos los soldados que se habían enganchado a la nicotina en la Segunda Guerra Mundial. Muchos, medio en serio medio en broma, amenazaban con denunciar al gobierno, por haberles incitado al vicio. Lo cierto es que entre 1940 y 1945, los años de la Segunda Guerra Mundial, el consumo de tabaco aumentó en un astronómico 75 %, con una media de consumo anual que rozó la friolera de 3.500 cigarrillos por persona. Esta cifra sí que no era para tomársela a risa…

 
SEGUNDA GUERRRA MUNDIAL

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