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jueves, 13 de agosto de 2015

EL GUARDIAN DE LAS SS QUE SALVO A DOS JOVENES JUDIAS DE LA CÁMARA DE GAS

El soldado nazi que logró salvar a la mujer judía de la que se enamoró en Auschwitz
 
abc.esabc_es / Madrid
 
Día 13/08/2015 - 18.30h

El guardia de las SS Franz Wunsch consiguió que Helena Citronova y su hermana evitasen la cámara de gas. Años después ellas declararon a su favor en un juicio

Un amor prohibido en el peor lugar de la tierra que tuvo por suerte un final feliz. Y es que, pese a las restrictivas leyes alemanas, que prohibían las relaciones entre arios y judíos, el guardia de las SS Franz Wunsch logró evitar que la judía polaca Helena Citronova y su hermana acabasen en la cámara de gas en plena Segunda Guerra Mundial.
 
En una ocasión Helena fue obligada a cantar y su voz sedujo a Wunsch, cancerbero del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, que se enamoró perdidamente de ella y la tomó a partir de entonces bajo su protección. Según narró posteriormente la propia Citronova, el soldado la miraba con dulzura, le enviaba galletas e incluso le escribía notas que decían: «Amor. Estoy enamorado de ti».
 
Daily Mail
Citronova, su hermana y la hija de ésta, que no logró sobrevivir al cautiverio
 
Citronova, según recoge el rotativo británico «Daily Mail», acogió el cortejo con extrema frialdad, pero poco a poco llegó a enamorarse del soldado. «Con el paso del tiempo llegó un momento en el que de verdad lo amé».
 
La antigua prisionera, que falleció en 2005 pero cuyo testimonio ha perdurado gracias a un documental grabado por el cineasta Laurence Rees, comenzó a enamorarse después de que Wunsch lograse salvar la vida de su hermana, que había llegado al campo de concentración junto con sus dos hijos.
«Le dije que la iban a llevar a la cámara de gas. Él me preguntó su nombre y me dijo que la salvaría, aunque no pudo hacer nada por sus hijos», recordaba Citronova. «Los niños no pueden vivir aquí», dice que le respondió Wunsch, quién consiguió convencer a las autoridades del campo de que dejasen con vida a la hermana Rozinka porque podría serle útil para realizar trabajos forzados.
 
Cuando Helena y Rozinka tuvieron que abandonar el campo en una de las denominadas «marchas de la muerte», el SS les regaló dos pares de botas de piel y la dirección de su madre en Viena.
Las dos hermanas no volverían a verle hasta 1972, cuando el testimonio de ambas en un juicio sería clave para devolverle el favor y salvar su vida. Algo que no les resultó fácil, porque numerosos testimonios le acusaban de ser un guardián sanguinario y estar al menos en una ocasión al mando de una ejecución en una cámara de gas. «Conocer a Helena cambió mi comportamiento. Me convirtió en otra persona», aseguró Wunsch en el juicio.
 
 

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