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sábado, 21 de febrero de 2015

GAGOMILITARIA NOTICIAS.-LAS MILICIAS PRORRUSAS LIMPIAN CASA POR CASA LA CIUDAD DE DEBALTSEVO

Limpieza casa por casa en Debaltsevo  

 

Limpieza casa por casa en Debaltsevo
Decenas de soldados del Ejército de Kiev fueron asesinados en la estratégica ciudad de Debaltsevo
Pete Kiehart
 
Un camión con 20 militares prorrusos llega a la carretera que une Lugansk y Debaltsevo, en el norte de la comarca de Donbás. Bajaron y sacaron sus cámaras fotográficas para inmortalizar el momento. La escena es aterradora, tan sólo horas antes, 20 tanques, dos camiones y todo un destacamento ucraniano atrapado en territorio prorruso había sido bombardeado. Todavía quedan tumbados en el suelo cuerpos sin vida de militares ucranianos. A cuatro kilómetros siguen los combates. Lo que se había anunciado como la batalla final de Debaltsevo no se ha terminado. En el centro de la ciudad las milicias van casa por casa limpiando la zona, buscando tropas de Kiev. También en Donetsk y cerca de Mariúpol seguían ayer las violaciones del alto el fuego.

Debaltsevo es uno de los últimos puntos de control para acceder a la ciudad que se ha convertido en un símbolo de victoria para los separatistas. «No os recomiendo pasar de aquí», avisa el comandante al cargo de la limpieza de la base militar ucraniana destrozada. A cuatro kilómetros siguen las explosiones y los disparos. «No son Kalasnikovs, son cañones», explica un cosaco a esta periodista mientras le enseña las posiciones que están bombardeando. «Aquí no hay paz. Paz tuvimos en verano y mira lo que hizo Ucrania, ganar terreno. Ya no nos fiamos, queremos todo Donbas», explica un joven de Lugansk, un miliciano rebelde que antes era minero. «A tu pueblo lo bombardeas una vez, la siguiente deja de ser tu país», sentencia. Nos retiramos de primera línea, las explosiones suenan cerca. «Por cada prorruso muerto han fallecido cinco militares ucranianos», señala un militar ruso que combatió Chechenia. Las milicias prorrusas nos aseguran que aún quedan tropas gubernamentales atrapadas en Debaltsevo y que seguirán hasta limpiar la zona. «Están a 4 kilómetros», comentan los cosacos desde su refugio. Esperamos entre hoy y mañana terminar con la conquista de nuestro territorio». Al volver, por la carretera que atraviesa Gorlovka, de camino a la zona sur de Debaltsevo, controlada por los separatistas, un convoy con ayuda humanitaria y autobuses vacíos se dirigían a la ciudad sitiada. «Van a sacar a los vecinos que quedan allí», explica un militar. Las milicias confiesan que ahora la situación está controlada y bromean con la siguiente conquista, Mariúpol. Cerca de la ciudad aeroportuaria, en la localidad de Shirokine, se registraron ataques con mortero, según las autoridades militares locales, que denunciaron también la acumulación de tropas prorrusas. «Los rebeldes están trayendo reservas», informaba un portavoz militar. En Donetsk, la capital de Donbás, el sonido de los misiles y las ambulancias ha vuelto a la ciudad. «Hemos tenido tres días de tranquilidad, a partir de ahora la guerra va a ser mucho peor», explica Olena mientras espera el autobús para volver a casa antes de que empiece el toque de queda aún vigente en los bastiones prorrusos de Donetsk y Lugansk.

El plan de paz de Minsk se resquebraja, los líderes que firmaron la «hoja de ruta» para solucionar el conflicto continúan manteniendo conversaciones telefónicas para tratar la ruptura del alto el fuego que el Kremlin no considera una violación de Minsk porque Debaltsevo no entraba dentro de los acuerdos.

Ante las continuas violaciones de la tregua, el presidente Petro Poroshenko pidió ayer por primera vez el despliegue de fuerzas de mantenimiento de la paz «en virtud de un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU». Pero especificó que Rusia, al tratarse de un país agresor, no podría formar parte. El ministro de Exteriores de Ucrania, Pavel Klimkin, precisó que «si se trata de una misión conjunta de la UE y de la ONU, abogaremos porque el componente europeo sea mayoritario». Rusia, que se sigue considerando como mediador del conflicto, no tardó en responder que la responsabilidad del arreglo universal del conflicto y el cumplimiento de los acuerdos alcanzados en Minsk recae en las partes de implicadas. Por ello, se opone al despliegue de «cascos azules». El Kremlin es firme y considera que la batalla por Debaltsevo está fuera de los acuerdos de paz.

Pero la guerra no sólo se libra con las armas. Las autoridades locales avisaban del corte de suministro de gas por parte de Kiev y del peligro de entrar en una nueva «era del hielo». «Por nuestro territorio pasan dos hilos del gasoducto Moscú-Stávropol. Las necesidades de gas en Lugansk son de cinco millones y las de Donetsk ascienden a siete millones [de metros cúbicos diarios], sin contar la industria», dijo Guennadi Tsipkalov, primer ministro separatista de Lugansk. Poco después, la empresa –la compañía estatal ucraniana Naftogaz– explicó que el motivo de la suspensión del bombardeo fueron los daños sufridos por el gasoducto durante los combates entre las fuerzas gubernamentales y las milicias prorrusas.

«La reanudación del suministro no es posible en estos momentos debido a la continuación de las acciones militares en la región», informó Naftogaz en un comunicado. A partir de ahora será la empresa rusa Gazprom, que suministre gas en los bastiones prorrusos a través de las estaciones de bombeo rusas de Prójorovka, fronteriza con la región de Lugansk, y Platovo, fronteriza con la de Donetsk. Un gasto más para Rusia que los expertos ya han estimado en más de siete millones de dólares diarios. A última hora de ayer, había zonas sin calefacción en la capital de Donbás, en la periferia. «No, no tenemos gas, tenemos una estufa con carbón», confirmaba Anna a LA RAZÓN.

 «No es sólo que nos corten el gas, es que ahora la República nos pide que le paguemos a ellos y sin cobrar la pensión desde hace seis meses, porque no puedo salir de aquí, no voy a tener calefacción lo que queda de invierno».






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