Alan Turing: El descifrado de la máquina Enigma
JOSEP M. MIRET

Muchos han sido los artículos que se han publicado con motivo del centenario del nacimiento de Alan Turing (1912-1954), así como los actos que se han organizado. En este blog también se han abordado distintos aspectos de sus aportaciones y se han destacado sus ingeniosas ideas. Uno de sus logros más extraordinarios ha sido sin duda alguna su labor como criptoanalista. Durante la segunda guerra mundial, su colaboración con el servicio secreto británico condujo a descifrar los códigos producidos por la máquina criptográfica del ejército alemán denominada Enigma. En este artículo nos vamos a centrar pues en los procesos de cifrado y descifrado de esta máquina.
La máquina Enigma
Después de la primera guerra mundial, el inventor alemán Arthur Scherbius y su amigo Richard Ritter fundaron una empresa de ingeniería y crearon la máquina Enigma con la finalidad de venderla no solo al ejército sino también a muchas empresas del país. La máquina iba en una caja de dimensiones 34cm x 28cm x 15cm y pesaba unos 12 kg.
Muchos han sido los artículos que se han publicado con motivo del centenario del nacimiento de Alan Turing (1912-1954), así como los actos que se han organizado. En este blog también se han abordado distintos aspectos de sus aportaciones y se han destacado sus ingeniosas ideas. Uno de sus logros más extraordinarios ha sido sin duda alguna su labor como criptoanalista. Durante la segunda guerra mundial, su colaboración con el servicio secreto británico condujo a descifrar los códigos producidos por la máquina criptográfica del ejército alemán denominada Enigma. En este artículo nos vamos a centrar pues en los procesos de cifrado y descifrado de esta máquina.
La máquina Enigma
- Las posiciones del clavijero: A/D C/G M/P R/S T/F L/U
- La disposición u orden en que se colocaban los rotores: 2-1-3
- Las posiciones iniciales de los rotores: S M E
Descifrar Enigma parecía inabordable...
Primeros intentos de descifrar Enigma
En 1926, criptoanalistas británicos y de distintos países empezaron a interceptar mensajes procedentes de la máquina Enigma, pero sin posibilidad alguna de descifrarlos, hasta que en 1931 Hans-Thilo Schmidt, resentido por como lo había tratado el ejército alemán, pasó a los aliados documentación de Enigma, que les permitiría crear una réplica. Ello no significaba aún poder descifrar los mensajes, pero sí el reto de saber cómo encontrar la clave.
Como precaución los alemanes decidieron usar la clave del día sólo para transmitir la clave de mensaje (las posiciones iniciales de los rotores). No obstante, el uso repetido de una sola clave del día debilita el sistema. Rejewsky, intentó aprovechar las repeticiones de las codificaciones de las claves de mensaje. Como la clave del mensaje, p.e. C G H, se tecleaba dos veces para evitar errores, se deducía que la 1ª y la 4ª letra de la codificación correspondían a la misma letra del mensaje original. Al igual que con la 2ª y la 5ª y con la 3ª y la 6ª.
C G H C G H —————> D V Y B Z X
Rejewsky, si durante el día conseguía suficientes mensajes, podía completar la tabla de relaciones:
1ª letra A B C D E F G H I . . . . . W X Y Z
4ª letra H F W B G L R C P . . . . .A T S I
Pero, ¿qué patrones se podían deducir de estas tablas? Rejewsky se fijó en las cadenas de letras conectadas, en el sentido que provenían de la misma letra original:
A—>H—>C—>W—>
La longitud de estas cadenas no depende de los pares de letras intercambiadas por el clavijero, sólo de la posición de los rotores, de manera que el número de claves posibles se reduce de 1016 a 6 x 263=105456. Rejewsky había simplificado el problema, encontrando primero la clave del día y luego las posiciones del clavijero. Aún así, tardaron un año en completar el catálogo de claves. Más adelante, el equipo de Rejewsky construyó una máquina, a la que denominaron bomba, capaz de comprobar siguiendo su sistema de catalogación la clave correcta. Puesto que los rotores se podían disponer en seis posiciones distintas, usaban seis bombas trabajando en paralelo para conseguir una mayor eficiencia.
En diciembre de 1938, los criptógrafos alemanes aumentaron la seguridad de Enigma, con dos nuevos rotores que podían intercambiar con los tres que tenían. Polonia se temía lo peor. Los mensajes que interceptaban se habían vuelto de nuevo indescifrables. Para no perder los logros conseguidos invitaron a Varsovia a un equipo de criptoanalistas franceses y británicos para mostrarles las réplicas de Enigma que habían construido. El 1 de septiembre de 1939, Adolfo Hitler invadía Polonia y la guerra comenzaba..
Alan Turing en Bletchley Park
En septiembre de 1939 llegaba Alan Turing a Bletchley Park para incorporarse al equipo de criptoanalistas. Turing enseguida intuyó, que de entre toda la información que tenían acumulada, se podían beneficiar de los puntales, fragmentos de texto que se pensaba estaban en el mensaje (con mucha probabilidad), como wetter (tiempo en alemán). Y dentro de los puntales se fijó en los rizos, cadenas de pares de letras (en claro - cifrada) que formaban ciclos. Así, en el siguiente ejemplo se tiene el rizo: W-T, T-E, E-W.
- Posición Enigma S S+1 S+2 S+3 S+4 S+5
- Texto en claro W E T T E R
- Texto cifrado T W P E B Y
Otro factor que dotaba a Enigma de una gran complejidad era que las componentes de la máquina que el ejército alemán usaba no siempre eran las mismas en todas las zonas o áreas. Así, las máquinas de la marina, las más sofisticadas, tenían 8 rotores distintos y el reflector podía colocarse según 26 orientaciones distintas. Estas dificultades añadidas hacían que el equipo de Bletchley Park aún no pudiera descifrar los mensajes que se transmitían por radio los submarinos alemanes y que contaban con una clara ventaja en la batalla del Atlántico. Junto a esta situación, Turing tuvo que trasladarse a Estados Unidos desde noviembre de 1942 a marzo de 1943 para diseñar un sistema de cifrado para las comunicaciones entre Roosevelt y Churchill.
En circunstancias extremas, los servicios británicos secretos sabían que había que recurrir a otras estrategias. Una de ellas que resultó decisiva consistió en infiltrarse en un barco alemán para conseguir un libro de códigos. Esas acciones en Bletchley Park eran denominadas pellizcos. Con ello, el equipo de criptógrafos pudo lograr el descifrado de los mensajes navales y conocer así la ubicación de sus submarinos.
Desafortunadamente, para algunos, como Alan Turing, la publicación del libro llegó demasiado tarde...
La lucha entre criptográfos y criptoanalistas existe desde tiempos muy remotos y continúa despertando un gran interés un siglo después del nacimiento de Turing. Gracias a ello, el avance de la criptografía, en particular, en estas últimas décadas ha sido espectacular. Parece, pues, impredecible aventurar que nos deparará en un futuro próximo.
Josep M. Miret es profesor titular de la Universitat de Lleida

No hay comentarios:
Publicar un comentario